31/10/2007

DOS VIDAS (19)

Tengo que superar esto de una vez, no puedo estar eternamente en esta situación. Estaba en casa, sentada en mi pequeño despacho frente al ordenador, intentaba poner un poco de orden a mis ideas. Marta había pasado varias veces a ver que estaba haciendo, la ultima con la excusa de traerme un vaso de leche. Al final, aburrida de esperarme se había ido a dormir. Cada día me costaba mas irme a la cama. Al principio era por los remordimientos por mi aventura con Carol. Ahora una vez pasado el tiempo y colocado todo en su sitio me daba cuenta que lo que sentía por Carol no había sido mas que deseo, pero no amor.

Bien,  el asunto había terminado definitivamente, Carol se había cansado de enviarme mensajes al móvil sin encontrar respuesta alguna, y yo casi lo había superado todo, todo salvo la mezcla de desilusión, culpa y amargura que se quedaba en mi animo y que pesaba como una losa. Sentía que mi vida era un constante fracaso, había fracasado en todo y especialmente había fracasado con Marta. Ahora ya no me quedaba mucho mas que hacer salvo, seguir respirando y sobrevivir como fuera.


Lance un sordo suspiro, me dolía la cabeza, y tenia el cuello rígido, me lleve la mano a él para masajearlo mientras encendía el ordenador. En seguida se abrió el programa de mensajera y apareció un mensaje de Esther que me mandaba besos y me decía frases de ánimo. No tuve mas remedio que esbozar una sonrisa. Ya quisiera yo tener la fe y la fuerza de voluntad de Esther, ella y Ana habían conseguido salir del pozo negro en que se encontraban, apoyándose la una en la otra, pero claro no era mi caso, pensé, Esther no tiene que librar la misma batalla que yo.


La agenda electrónica zumbó y me mando el aviso de la próxima cita: en casa de Lucia sábado, a las 6.  Había hecho la promesa de ir para intentar hablar con Alicia, pero ahora en la soledad de mi pequeño despacho, únicamente iluminado con la lamparita verde de sobremesa, me arrepentía de mi ofrecimiento, debería haber sido mas cauta, de sobra me daba cuenta que lo mejor era no volver a verla.


Quería  ayudar a Alicia, claro que deseaba poder ayudarla, lo hacia encantada y si con ello lograba ayudar a Lucia, pues mejor, pero me daba miedo encontrarme de nuevo con ella, todavía sentía el beso recibido. Instintivamente toqué con la yema de los dedos la comisura de mis labios como si a través de ese simple gesto pudiera volver a sentir su calor, cerré los ojos y de nuevo me recorrió el mismo escalofrío. ¡¡¡Dios mío, otra vez no!!, pensé con desesperación.


Bueno, que no me domine el pánico, no pasa nada. No tiene porque pasar nada, Patricia, solo tienes que ir, charlar con Alicia y luego te vas como si nada, ni siquiera para tí tiene que ser tan difícil.


Pues no, no tendría que ser tan difícil pero lo cierto es que me pase toda la mañana del sábado pensando en la cita.


A las 5,55 de la tarde estaba llamando al timbre de la puerta de la casa de Lucia y Alicia, en un bonito barrio madrileño. Se encontraba en un edificio de los antiguos, con balcones de reja y cristaleras emplomadas. El ascensor, también de época estaba decorado con cristales de colores y grandes espejos que le daban a la cabina un aire antiguo como de los años 20.


Se abrió la puerta y apareció Lucia. En cuanto la ví se me borro la falsa sonrisa que tanto había ensayado en el espejo del baño de mi casa.

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30/10/2007

DOS VIDAS (18)

 
  • - No se Lucia, si quieres puedo hablar con ella, a ver si logro sacarle algo.
  • - ¿Lo harías?, te lo agradecería eternamente, Patricia, estoy tan desesperada que me amarraría a un clavo ardiendo.
  • - Pues nada, gracias por compararme con un clavo, no se como tomarmelo, jajajaja, -dije tratando de liberar un poco la tensión del momento-, y cuando me digas quedamos, vamos a ver que se puede hacer.
  • - ¿Te vendría bien el sábado por la tarde? Te hago café que se que te encanta, jajajaja, y así podemos esperar a que Alicia regrese del trabajo.
  • - Por mí de acuerdo. Entonces sábado a las ¿6 te viene bien?
  • - Si, a esa hora solemos estar en casa.

Le apreté de nuevo las manos para trasmitirle confianza y apoyo y le sonreí en un esfuerzo de darle ánimo, creo que fue la sonrisa más dolorosa que he ofrecido nunca. No es fácil sonreír cuando el corazón se está rescrebajando.

  • - Ahora quiero que te calmes y que pienses que todo esto no es más que una pesadilla de la cual vas a despertar. ¿de acuerdo?.
  • - Jajaja, si, gracias Patricia. Me tengo que ir,  quiero estar en casa cuando ella regrese por si me necesita.
  • - Vale, y si necesitas algo, ya sabes donde encontrarme por las noches, en el Chat.
  • - Es verdad, te estoy cargando con mis problemas y tu tienes también lo tuyo.
  • - Lo mío tiene poco por no decir ningún arreglo, Lucia, las cosas son así, y solo me queda saber y poder aguantar, nada mas.

Lucia se levantó se acercó a mi y con la sonrisa de un ángel, me pasó su mano por la mejilla, mirándome fijamente e inclinandose hacia mí, me dio un beso casi en la comisura de la boca, que me dejó clavada como una estatua de sal.

  • - Hasta el sábado entonces,
  • - Aaaadiós,

Ayyy, solo me faltaba esto, pensé. Tal fue la impresión que tuve que apoyarme en el borde la mesa y es que no estaba preparada para semejante muestra de cariño. ¡¡Joder, Patricia que tampoco ha sido para tanto!!, -me dijo mi Pepito Grillo particular-, lo se, lo se, pero será que ando mas perdida que lo que pensaba.

Ni me di cuenta que Lucia había salido del despacho hasta que la puerta se cerró con un suave click.

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28/10/2007

DOS VIDAS (17)

 

La mire de reojo, no sabia como tomarme las palabras de Lucia, en principio nada me hacia pensar que no fueran mas que una pequeña broma, pero algo en su mirada me daba que pensar que esa mujer había llegado al limite de su resistencia. Tal y como me vino la idea a la mente la deseché de un plumazo, Lucia era una amiga y no se juega con las amigas, me dije.

  • - ¿Como van las cosas Lucia?
  • - Cada vez peor, Patricia, ayer llegó peor que nunca. No es solo que venga borracha y apestando a otras mujeres, es su aptitud casi suicida lo que me esta dando miedo.
  • - ¿Y porque no hablas con ella y le propones visitar algún especialista?.
  • - Uff, imposible, en cuanto le insinúo lo mas mínimo, se levanta y se vá. Lo único que he conseguido sonsacarla es que, las cosas son como son, que todo tiene un final, y que no piensa hacer nada especial por evitarlo.
  • - Ya entiendo. Lucia si lo que me cuentas en así, y no tengo porque pensar lo contrario, a mi tampoco me esta dando buena espina el comportamiento de Alicia. Procura vigilarla lo más posible.
  • - ¿Y como lo hago?, si ya no la veo casi nunca y cuando vuelve a casa lo hace en unas condiciones tan lamentables que es imposible hablar con ella, -dijo Lucia con desesperación.

La verdad es que no supe ni que decirle, veía tanta desesperación en su bello rostro que mi mente se devanaba por encontrar la palabra adecuada para absolver tanto dolor. No se si alguna vez a mi me querrán así, pensé con un punto de envidia, y eso que no tenia duda alguna del amor de Marta por mi, pero evidentemente era otro cariño. En Lucia se notaba todavía esa llama de pasión que ha de sustentar toda relación.

Mirándola sentada en el silloncito de delante de mi mesa, me hubiera gustado abrazarla y besar esos preciosos ojos ahora llenos de lagrimas y de secar con mis labios su dolor. Me levanté y me acerqué a ella sentándome en la silla de al lado, cogí sus temblorosas manos entre las mías e intenté hablarle, decirle todo aquello que se suele decir en esos momentos, pero no pude, cualquier palabra que hubiera podido decir habría sonado a vacía, insustancial.

No se cuanto tiempo permanecimos así, Lucia llorando silenciosamente y yo sujetando sus manos entre las mías como parajillos heridos y temblorosos, no me atrevía ni a mirarla porque tenia miedo que viera en mis ojos algo mas que la sincera amistad que se supone que yo como amiga le debía tener. Viéndola así, tan desprotegida la hubiera acunado en mis brazos toda una eternidad.

  • - ¿Qué puedo hacer, Patricia, que puedo hacer?
  • - No lo se, Lucia, la verdad es que no lo se. ¿la quieres mucho todavía, verdad?, le pregunté notando en mi interior como la mano cruel de unos celos irracionales me estrujaba en corazón, hasta sentir un dolor casi físico.
  • - Si... bueno ya ni siquiera lo sé. He perdido tanto la esperanza de que las cosas vuelvan a su sitio que ahora solo deseo que de alguna manera se recobre y poder plantearnos la relación, no puedo seguir así, Patricia.
  • - Lo entiendo, Lucia, lo único que puedo decirte es que cuando quieras ya sabes que estoy aquí, que si me necesitas me lo digas, siempre estaré a tu lado para lo que quieres.
  • - Gracias Patricia, no sabes como me ayudan tus palabras, me veo tan sola que no se que hacer, ni a quien acudir.

No se como la voy ayudar si ando yo en la cuerda floja con Marta, y encima me estoy enamorando de esta preciosa mujer. No, no puedo cargarla con mas problemas, ya tiene la pobre la vida bastante complicada. Al menos intentaré que no note nada y apoyarla en lo que pueda.

  • - Bueno venga, no quiero verte así, seguro que encuentras la solución y al final Alicia reaccionará y se dará cuenta de que tiene el amor de una estupenda mujer. Límpiate los ojos, y muéstrame esa preciosa sonrisa que se que tienes.
  • - Ay Patricia, no sabes lo bien que me vienen tus palabras y tu apoyo, si no fuera por ti me estaría volviendo loca.
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23/10/2007

DOS VIDAS (16)

 

Son las 6,30 de la tarde, hace dos horas que miro impaciente al reloj. A las 7 he quedado con Lucia. A Lucia la conocí a través del Chat de una conocida pagina de Lesbianas en  Internet, y en seguida congeniamos. Ambas teníamos problemas aunque reconozco que los suyos eran bastante  mas complicados que los míos.

La historia de Lucia se resume en 20 años unida a su pareja Alicia, y de pronto una serie de circunstancias personales y de salud estaban dando fin a una de las parejas más estables del ambiente. La vida es una gran cabrona, cuando parece que todo te sonríe y que estas a punto de conseguir todos tus sueños, viene un viento frío y traicionero  que destroza todo a su paso. La situación de la pareja actualmente no da más de sí, Lucia llorando y sufriendo por Alicia en casa, mientras que Alicia ha tomado la decisión de dejarse la vida en juergas nocturnas de bebida y sexo. ¡¡que pena, tanto luchar para terminar así!!.

Pero no se a quien quiero engañar, yo estoy en una situación parecida. Mi relación con Marta no se termina porque no se puede terminar, no la puedo dejar, acabaría de matarla y la he querido demasiado para  asistir impasible a su desaparición.  Ella no hace mas que cuidarme como si yo fuera la hija que nunca tuvimos. A cambio solo me reclama que la acaricie  y la acune entre mis brazos, como un pequeño cachorro que depende de su amo. Últimamente no hay conversación que no conlleve una bronca, normalmente seguida de un "ten cuidado,", "abrígate", "llámame cuando llegues", lo cual si lo pienso fríamente estaría bien si fuera mi madre, pero claro, yo no quiero una segunda madre, bastante tengo con la propia.

Mi cabeza da vueltas a estos y otros pensamientos cuando me anuncian la llegada de Lucia.

  • - ¡Hola Lucia!, pero, ¡que guapa estas!, no tengo mas remedio que decir al ver aparecer a esa espléndida mujer rubia.
  • - Que exagerada, Patricia, no tienes porque fingir que ya nos conocemos.
  • - Pero si no finjo - exclamo sorprendida-, en serio que te veo bien, con ojeras, eso sí pero físicamente muy bien.
  • - Ay, ¿se me notan las ojeras verdad?. Es que esta noche casi no he dormido y a mi edad esas cosas se pagan, me dice esbozando una triste sonrisa. Pero es cierto que esta mujer me atrae, pienso en por un instante arrepintiendome inmediatamente de tener tales pensamientos. "Hay que ver, Patricia, no acabas de salir de una y ya esta pensando en otra, no tienes remedio, Lucia a venido para que la ayudes no para que empeores su situación".
  • - Bueno ¿quieres que nos quedemos aquí o nos vamos a tomar un café a Chueca, donde mi amigo?
  • - Si no te importa prefiero quedarme aquí, no estoy de humor para ver a a las otras parejas cogidas de la cintura como tortolillas.
  • - Jajajaja, si quieres te cojo de la cintura yo y así les damos enviadia nosotras a ellas, -vaya, que momento para haberme callado pero  mis pensamientos se habían escapado a través de mis labios como duendecillos traviesos, y en cuanto lo dije supliqué que el suelo se abriera a mis pies y me tragará- Lo siento, Lucia, he sido una inoportuna, perdóname.
  • - Nada que perdonar Patricia. A lo mejor cualquier día te tomo la palabra.

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19/10/2007

DOS VIDAS (15)

 

Ha pasado ya el tiempo y va a ser verdad el dicho ese de que el tiempo todo lo cura, o si no lo cura al menos lo mas soportable.

Al ver los ojos de Marta enrojecidos de llorar, notar su dolor, ha sido el detonante de que todo vuelva a su sitio. Noto su cuerpo pegado al mío por las noches, dormida profundamente, ajena a todo. Escucho se respiración acompasada, duerme sin sobresaltos. Permanezco agarrada a su espalda, mi brazo sobre su cintura. Imposible, no puedo dormir;  mi mente navega descontroladamente. Aspiro el aroma de su cuerpo, su pelo descuidado cae sobre mi cara, y el roce con su piel me trae recuerdos ya casi olvidados, recuerdos que intento alejar a manotazos, pero la piel tiene memoria, en un instante la mía ha recordado el roce de la suya, su calor, mi olfato ha sentido de nuevo su olor a mujer, de nuevo siento que mi cuerpo empieza a arder, y mi mente me ha trasportado a aquellos momentos felices en los que Marta y yo éramos dos amantes entregadas por completo una a la otra. Momentos en los que a ninguna de las dos se le habría pasado por la imaginación la posibilidad de un distanciamiento semejante.

No tengo mas remedio que girarme y darle la espalda. Ahora la que llora en silencio soy yo, lloro de rabia, de frustración, de impotencia al saber que tengo a mi lado a la mujer que he amado y que nada va a cambiar.

No, imposible, dormir. Son las 4 de la madrugada y no tengo más remedio que salir de la cama para no despertarla. Voy al estudio, enciendo el ordenador y entro, como cada noche, en el Chat que hasta el momento me está salvando la vida. Allí está Lucia, otra mujer con problemas todavía peores que los míos, medio me consuelo pensándolo.

  • - Hola Lucia
  • - Hola Patricia
  • - ¿Otra noche en vela?
  • - Si, como tú por lo que veo.
  • - ¿Como vas con Alicia?
  • - Mal, tampoco ha venido esta noche.
  • - Lo siento, Lucia,
  • - Ya no se que hacer Patricia, me siento impotente, no la puedo ayudar, no quiere ayuda mas bien. La hablo y me ignora, veo su mirada apagada, sin ilusiones. La estoy perdiendo y no se que hacer para retenerla.
  • - Lo que no entiendo Lucia es como aguantas la situación de saber que a estas horas puede estar con otras.
  • - Porque la quiero, Patricia, y sé que ella no es así, no era así.
  • - Ya. Si quieres pásate mañana por la Asociación y charlamos con mas tranquilidad de ello, a ver si entre las dos se nos ocurre como ayudarla.
  • - Pues te lo agradecería Patricia, porque cada día la noto peor no se que está pasando por su cabeza, pero seguro que no es nada bueno; pero no me gusta su silencio, siento que esta pensando algo y que ese algo no trae buenas consecuencias.
  • - Te espero entonces mañana y me cuentas, ¿te viene bien a las 7?
  • - Si, desde luego que si, allí estaré. No sabes como te lo agradezco.
  • - Nada de agradecer, ya sabes que encantada.
  • - Por cierto Patricia tú tampoco lo llevas mejor si estas aquí sentada hablando conmigo.
  • - No, no va mejor, me cuesta dormir y si no quiero despertar a Marta mejor me voy de la cama.
  • - ¿Sigue sin hacerte caso?
  • - No es cuestión de que me haga caso o no Lucia, es que no sé, no estamos en la misma sintonía y hecho de menos a la antigua Marta. Pero lo estoy superando, creo.
  • - Patricia te dejo que oigo a Alicia en la puerta y me parece que esta noche también ha bebido demás. Nos vemos mañana.
  • - Vale, venga ayúdala y mañana hablamos.
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17/10/2007

DOS VIDAS (14)

 

Sentada en el taburete con los codos apoyados en la barra del bar, llevo ya dos bourboms esperando que Esther aparezca. Hoy se esta retrasando. No he debido de venir, pienso en esos momentos, no voy a solucionar nada y solo voy a cargar sobre las espaldas de la pobre Esther mis propios pecados.

  • - Hola Patricia, perdona, lo siento, precisamente hoy le ha dado al jefe por echarnos una arenga.
  • - No pasa nada, Esther, he aprovechado bien el tiempo, le digo señalándole el vaso ya casi vacío.
  • - Nos sentamos mejor en una mesa,¿no?
  • - Bueno, como digas.

Nos sentamos en una mesa cercana a la pared, ligeramente separada de las otras, y nos quedamos mirándonos especulativamente. Me imagino que no tengo buena cara por la expresión que veo en el rostro de Esther. Suelto un quedo suspiro mientras intento sentarme lo más cómodamente posible.

  • - Bueno Patricia, ¿que os ha pasado?
  • - ¿Por?
  • - Pues porque la otra noche os note, no se, diferentes, ya no existía esa magia que había antes entre Marta y tu.
  • - Tampoco es tan raro Esther, no se puede ser feliz eternamente, todas las parejas tienen altos y bajos.
  • - Si, eso es cierto, pero me da la sensación que lo vuestro es algo más que un simple bajón de pareja.
  • - ES posible, pero pasará, pasará, repito intentando auto convencerme.
  • - Venga Patricia nos conocemos desde hace años y noto que algo esta pasándote.
  • - Esther, .... He metido la pata, -al fin le confieso-, le he sido infiel a Marta. Solté casi de sopetón.
  • - Ya, dijo Esther mirándome fijamente,¿lo sabe Marta?.
  • - No creo, pero lo intuye.
  • - ¿Que pasó?.
  • - Todo, o nada, según se mire. Ya sabes que Marta no esta bien desde hace tiempo, y nuestra relación no es ya como antes. Intento pasar el mayor tiempo posible fuera de casa, la Asociación se lleva mucho de mi tiempo y...
  • - Pues vuelve antes, no la dejes tanto tiempo sola.
  • - No es eso, Esther. Últimamente, digamos que no hay mucha relación física, casi ninguna, entre nosotras. Marta solo parece querer que la mime, dormirse en mis brazos todas las noches como un animalito herido y, nada más.
  • - ¿Y tu como lo llevas?
  • - Pensé que lo llevaría bien, que lo aguantaría, que después de tantos años, eso ya no tendría importancia, pero en cuanto se ha cruzado alguien que se ha interesado un poco por mi, he caído, no he sabido aguantar.
  • - ¿La chica de la otra noche?
  • - ¿Tanto se notó?
  • - Digamos que vuestras miradas estaban prendidas a través de la discoteca.¿Se lo has confesado a Marta?
  • - No, la mataría, y ya le he hecho bastante daño.
  • - ¿Sigues con ella?
  • - No, se ha terminado, no podía seguir así. Si solo hubiera sido un encuentro, pues... lo habría llevado mejor, pero al final me quedé colgada, me volví a enamorar como una colegiala Esther.
  • - Tranquila Patricia, yo también he pasado por eso y sé lo que se siente. ¿Qué vas hacer?
  • - ¿Hacer? Nada, seguir junto a Marta, ella siempre ha estado a mi lado, es la mujer de mi vida, se lo debo todo, y mientras este enferma estaré a su lado.
  • - ¿Y podrás hacerlo? ¿podrás evitar tentaciones?
  • - No lo se, no lo se, Esther, estoy cansada, tan cansada, que podría echarme y dormir, dormir y no levantarme nunca mas. Pero ese lujo no me lo puedo permitir, así que seguiré adelante trampeando como pueda.

La mano amiga de Esther se posó sobre mi brazo intentando transmitirse calor y cariño.

  • - Me tienes a tu lado para lo que necesites, ya lo sabes Patricia.
  • - Gracias Esther, muchas gracias, pero no te preocupes, no va a cambiar nada.
  • - Ya ha cambiado, pero tienes todo mi apoyo y el de Ana también.

De vuelta a casa, Marta  me estaba esperando, tenía la cara pálida, noté que había estado llorando.

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14/10/2007

DOS VIDAS (13)

  Lo ultimo que ví era la sonrisa socarrona de Carol. Cogi la chaqueta y me fui, tampoco tenia nada mas que decir. A partir de esa tarde cada vez que sonaba en el teléfono y veía el nombre de Carol en el display, ya sabia lo que decía el mensaje "te espero mi amor".


Claro que me había enamorado, tampoco era tan disparatado, Carol era todo lo contrario de Marta. Era vital, alegre, positiva, siempre con ganas de vivir, de divertirse, de disfrutar hasta la última gota de la vida. Era cierto que sabia de mi situación con Mata, nunca le había ocultado su existencia, y el hecho de que yo no me separaría de Marta según estaba la situación, y ella nunca me había exigido nada, no me dijo jamás nada en contra de Marta, ni se quejó por la situación que le tocaba vivir, solo quería disfrutar de nuestra mutua compañía. En algún momento había pasado por mi cabeza continuar con la situación, vivir dos vidas, ¿porqué no? También tenía derecho a ser feliz, a disfrutar de la poca juventud que me quedaba, exprimir la situación hasta que se agotara, sin preocuparme de nada mas, sin ningún tipo de compromiso.


Pero las cosas cambiaron cuando me di cuenta de que estaba totalmente enamorada de Carol. Eso lo cambió todo. Al principio, ¡claro que tenia remordimientos cada vez que Marta me miraba o me preguntaba que tal había ido el día!. Pero acallaba esos remordimientos auto convenciéndome de que no esta relación no era nada importante, solo una salida a nuestra estancada situación y que en el fondo seguía queriendo a Marta como el primer día. Eso duró hasta que un día me di cuenta que ya no podía estar sin hablar con Carol, sin oír su vos y sin verla, se había convertido en una necesidad física,  hasta el punto de que incluso en el trabajo abría el Messenger y pinchaba en su nombre, solo para ver su foto mirándome fijamente con una mezcla de picardía e inocencia. Ese día me di cuenta que ya no se trataba solo de una distracción sino que era algo mas.


Para rematar la situación, una noche estando en casa viendo  una serie de televisión de éxito, Hospital Central, vi la misma situación reflejada en las dos protagonistas lesbianas que la interpretaban, cuando una de ellas que mantenía una relación extramatrimonial daba como excusa el agobio que le daba su vida actual y la libertad que disfrutaba con su amante...


Fue como un mazazo, en un momento vi claramente lo que pasaba. Así se podía resumir también mi vida en ese momento. Estaba agobiada, agobiada por un trabajo que después de haber puesto tanta ilusión y haber dejado otro seguro y bien pagado, me había defraudado totalmente; agobiada por una relación que había ido decayendo poco a poco, y no solo por la enfermedad de Marta, cuyo corazón ya había sufrido dos amagos de infarto y que había hecho que mas que amante se convirtiera en una segunda madre; agobiada por la responsabilidad de la recién creada Asociación de ayuda a Mujeres a la que me había unido.


El encuentro con Carol había significado casi una liberación, con ella podía hablar, podía respirar de otra manera, no tenia que estar fingiendo continuamente, no tenia por que estas interpretando el rol de persona segura y responsable, podía ser yo misma. Y si a esto se le unía que físicamente nos habíamos compenetrado perfectamente, la situación era ya irresistible. Tan irresistible que se había convertido en obsesiva, así que en ese momento supe que debida alejarme de ella; inmediatamente.

Ahora dos meses después, la obsesión ya rayaba en verdadera locura; no podía trabajar, no podía pensar, no podía hacer nada porque continuamente veía su cara, sus ojos, su boca sonriéndome.

Sentada en mi pequeño despacho de la Asociación recibía continuamente a mujeres con problemas que se suponía  yo debía ayudar a resolver.¡Que ironía!, como iba a ayudar a nadie si ni siquiera era capaz de resolver mi propio dilema.


Sonó el teléfono, esta vez no era Carol, sino Esther,

  • - Hola Patricia ¿que tal?
  • - Ahh, hola Esther, bien, que te cuentas.
  • - Nada, solo quería saber como os iban las cosas
  • - Pues, ya sabes, tirando.
  • - Te repito, Patricia, si quieres quedamos y hablamos un rato.
  • - No se Esther, la verdad es que ya no se que hacer.
  • - A lo mejor te viene bien desahogarte, Patricia, yo se por lo que estas pasando.

- ¿Tu crees Esther?. Bueno, quizás tengas razón, voy a buscarte al restaurante y nos tomamos una copa. ¿sigues trabajando en el mismo sitio?

  • - Si, de momento ahí sigo, vente a las 5 y charlamos un rato.
  • - Vale allí estaré.
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11/10/2007

DOS VIDAS (12)

 

 Nada mas soltar tan tonta frase, me di cuenta de que eso iba a ser imposible, ni yo me lo creía. Solo habían pasado dos meses desde que lo dejamos, mejor dicho, desde que deje a Carol, y ni un solo momento había logrado olvidarme de ella.

  • - Bueno hablemos de otra cosa, dije poco convencida
  • - No tengo otra cosa de que hablar contigo,
  • - Pues entonces la conversación se ha terminado,
  • - ¿ósea que solo has venido para volverme a dejar?
  • - Que yo sepa, Carol, lo habíamos dejado ya.
  • - Pat, piénsalo bien. ¿Por qué no seguir como hasta ahora?, te repito que n no te pido un compromiso, que sé como están las cosas entre tú y Marta y que respeto tu decisión, pero una cosa es eso y otra muy distinta que vayas a enclaustrarte de por vida.
  • - Lo sé, Carol, pero sabes que tengo una responsabilidad con Marta y que mientras exista no podré ser libre, simplemente.
  • - Pero no me digas que no vas a estar nunca mas con otra, conociéndote como te conozco, eso no me lo puedo creer.
  • - Puede que no, pero esta vez no me engancharé como me ha pasado contigo.
  • - ¿Luego confiesas que te has enamorado de mí?

¡¡Pues si que he manejado la situación con soltura!!, pensé cabreada conmigo misma, solo faltaba que Carol se diera por enterada de que nuestra relación no había sido una mera aventura , como ya había pretendido desde el principio, sino que había caído en mi propia trampa y me había enamorado de ella como una colegiala.

  • - No se puede hablar contigo siempre llevas las cosas a tu terreno, exclamé con enfado, al ver la sonrisa de oreja a oreja que lucia Carol en la cara.
  • - Di lo que quieras, pero aunque te ha costado, al fin lo has soltado.
  • - Bueno ¿y que si me he enamorado de ti?, eso no solucionada nada, todo lo contrario.
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09/10/2007

DOS VIDAS (11)

  Después de despedirnos de Esther y Ana salimos del local camino de casa.
  • - ¿Desde cuando te llamas Pat y desde cuando conoces a esa tal Carol?.

Estaba esperando la pregunta de Marta, pero no por eso dejó de sorprenderme.

  • - Desde hace unos meses, contesté secamente.
  • - ¿Y la conoces "mucho"?, preguntó poniendo énfasis en la ultima palabra.
  • - No mucho.
  • - Pues parece que ella a ti si que te conoce mucho, si que trata con tanta familiaridad.
  • - Será porque es su manera de ser.
  • - Claro, ya veo que tienes respuesta para todo.
  • - ¡Bueno Carol dejemos el asunto en paz¡
  • - Pues no, no lo dejamos en paz, desde hace unos meses estas muy rara, Patricia, y empiezo a creer que tiene algo que ver esa tal Carol, estalló al fin Marta.

Me quedé mirándola fijamente, en esos momentos le hubiera dicho cualquier barbaridad, pero al final logré dominarme y cogiéndola del brazo intenté iniciar de nuevo el camino a casa,

  • - Venga Marta, no pasa nada, de veras, vamosnos a casa que ha sido un día muy largo.
  • - No me has contestado, Patricia.
  • - Es que no tengo nada que contestar, Marta. Venga, vamos mi amor, vamosnos a casa, no pasa nada, todo está bien.

Marta me miró fijamente y al final inició de nuevo la marcha. Todo había terminado medianamente bien esa noche, ahora me tocaba retomar una conversación que tenia pendiente, pero eso seria al día siguiente, en esos momentos aunque mis ojos permanecieron secos, mi corazón se derramaba.

Dos días después todavía no había logrado coger el teléfono para llamar a Carol, a pesar de que llevaba recibidos 25 mensajes de ella con la misma y única frase "sigo esperando", "sigo esperando", solo dos letras y cuanto significado. Tenia que tomar una decisión no podía seguir así.

  • - ¿Si?
  • - Hola Carol,
  • - Al fin te has decidido, esperaba tu llamada antes.
  • - Ya ves, no ha podido ser.
  • - ¿Nos vemos donde siempre?
  • - Bien, espérame después de comer, llegaré en cuanto pueda.
  • - Te espero Pat, no me dejes colgada.
  • - No, ya te digo que llegaré en cuanto pueda.

A las 4 de la tarde estaba aparcando la moto en la acera a la par que veía la figura de Carol reflejada en la vena del mismo Starbucks  donde nos habíamos conocido por primera vez.

  • - Hola, dije depositando un beso en su mejilla y esquivando su intento de besarme en la boca. ¿llevas mucho tiempo esperando?
  • - No, solo media hora, dijo poniendo un mohín de disgusto.
  • - Lo siento, he intentado salir lo antes posible pero me ha sido imposible.
  • - Ya veo.

Mal empezamos, pensé, pero en el fondo entendía perfectamente a Carol, tampoco era una situación agradable para ella.

  • - Voy a por un café, ¿te pido uno?
  • - Si, pídeme uno como de siempre,
  • - De acuerdo, ahora vuelvo.

Tras traer sendos capuccinos, el de ella con mucha nada y regado de chocolate caliente,  me dispuse a saborear el dulce y suave café, mientras miraba a Carol. Estaba como siempre, el otro día en la fila no había podido observarla  bien y mucho menos en nuestro fugaz encuentro posterior, pero ahora que la tenia enfrente podía mirarla lentamente. Seguía teniendo esos esplendidos ojos tan expresivos, y esa boca generosa de labios gordezuelos que solo mirarlos hacia que subiera el color a las mejillas por lo que opté por fijar la mirada más allá de ella.

  • - Puedes mirarme Pat, no te voy a comer. Sonreí a mi pesar, había que reconocer que me conocía perfectamente.
  • - Bien, Carol de que quieres hablar.
  • - ¿Como que de qué quiero hablar? Creí que después de lo sucedido el otro día volveríamos a ser como antes.
  • - Sabes perfectamente que eso no puede ser Carol.
  • - Pero Pat, es una tontería que nos alejemos, ya te dije que a mi no me importaba seguir como hasta ese momento, no te estoy pidiendo que dejes a Marta, solo que vuelvas conmigo. Te necesito.
  • - No, Carol, la que no puede seguir con el doble juego soy yo, además ya he visto que no has tardado en reemplazarme. Seguro que Maria puede dedicarte todo el tiempo y cariño que tu necesitas y que yo no podría darte.
  • - No digas tonterías, Pat. ¿Qué creías que ya no iba a salir con nadie mas?. Yo necesito tener alguien con quien disfrutar, si Marta no te lo dá no es culpa mía, y no mientas, a ti te pasa igual, no tienes mas que recordar lo sucedido en la discoteca. No te engañes, Pat, me necesitas tanto como yo a ti.

Y mientras me decía esto, posó su mano sobre mi pierna. ¡que razón tenia!, ese simple gesto y el calor de su mano a través de la tela del pantalón hicieron que  pasara por mi mente los momentos vividos aquella noche.

  • - Carol no puedo, de veras que no puedo. Claro que te echo de menos, claro que revivo una y otra vez los momentos que hemos tenido pero no puedo seguir así. Tarde o temprano Marta se daría cuenta, y no quiero que sufra mas, no al menos por mi culpa.
  • - Pero Pat ¿y tu? De verdad se sincera contigo misma, ¿hasta cuando vas a poder aguantar? Al final tropezaras con alguna otra que no este dispuesta a aguantar tanto y entonces si que la cosa no va a tener arreglo.
  • - No va a ver ninguna otra, eso se ha acabado.
  • alt : http://www.youtube.com/v/ZKTe8oRD6TQ
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08/10/2007

DOS VIDAS (11)

 

Pero ya lo dice el refrán, del odio al amor hay una finísima línea, casi imperceptible, que nadie es capaz de distinguir  y  cuando nos quisimos dar cuenta nos estamos besando como si nos fuera la vida en ello.  No oíamos, ni olíamos,  ni sentíamos nada a nuestro alrededor,  solo nuestras dos bocas  luchando,  mordiendo,  succionando y nuestras manos acariciándonos con urgencia.

 ¡lLo que es el deseo, un monstruo sin rostro, voraz y exigente,  que no tiene nada en cuenta  mas que ese momento, un momento que es como el aleteo de un poderoso águila, fuerte, rápido, certero, y fugaz,  que se alimenta sólo de ese instante,  para disolverse al segundo siguiente sin dejar huella,  como un ladrón, como si nada hubiera existido, como si el águila se  fundiera en su vuelo con el aire para desaparecer en él!.

Jadeantes todavía, nos encontramos abrazdas, con las rodillas temblorosas, intentando recuperar el aliento, cuando florando a través del aire, me llegó la voz de Marta a través del hueco de la puerta....

  • - Patricia, ¿estas ahí?

El pánico  se apoderó de mi,  Carol y yo nos quedamos mirándonos,  calladas, inmóviles. Los escasos segundos que pasaron me parecieron una eternizad y la voz que salio de mi garganta al contestar ya no era la mía, era otra persona la que como una autómata logró articular un

  • - Si Carol, ahora salgo.
  • - ¿pero estas bien Patricia?,
  • - Si, si, ya salgo espérame afuera.
  • - Vale, te espero en el guardarropa

El suspiro de alivio que solté fue tan grande que me dio la sensación que lo había escuchado todo el local, y mi corazón latía tan deprisa que creí que se me iba a caer al suelo de un momento a otro. Carol acercó su boca a mi oído para susurrarme:

  • - Vete, mi amor, pero recuerda que tenemos una conversación pendiente. Ni tu ni yo podemos seguir como si nada hubiera pasado.
  • - Te llamo mañana pero ahora por favor se discreta, te lo pido por favor, le dije suplicante.
  • - Sabes que siempre lo he sido, me dijo depositando un suave beso en mis labios, ande vete, ella te esta esperando.

Salí al exterior, y me dirigí a la derecha donde estaba el guardarropas.

  • - ¿Qué te ha pasado que has tardado tanto?
  • - Nada, balbucee, había un montón de gente, dije mientras me quitaba el anillo y lo sujetaba con la boca para proceder a lavarme las manos.
  • - Nos vamos ya, ¿no?
  • - Si, contesté mientras me lavaba las manos con la mirada puesta en el espejo y veía la figura de Carol deslizarse escaleras arriba.

 

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