27/05/2007

EL ANILLO (13)

 ....excitantemente peligrosa.

Llevaban tiempo moviéndose acompasadamente, de echo la música había cambiado hacia ya tiempo pero ellas seguían pegadas moviéndose lentamente, sin percatarse de que a su alrededor el mundo giraba a otras velocidades.

Esther notaba el cuerpo de Yolanda pesado y caliente pegado al suyo. Le llegaba su olor, mezcla de vanilla, flores y alcohol mucho mas embriagador que las dos copas que ya se había tomado. El tiempo pasaba y ellas seguían en su mundo. Esther soñaba en que esos momentos no terminaran nunca, sujetaba a Yolanda por la cintura y acariciaba lentamente su espalda con las yemas de los dedos, casi sin rozarla, como un suave aleteo... Yolanda con un escalofrió levantó la cabeza del hombre de Esther y se quedó mirándola, fijamente, con los ojos brillantes. Esther ya no esperó mas y la besó, tomo su boca con ansia como hacia mucho tiempo que no lo había con ninguna otra mujer, ni siquiera con Ana. Besó esos labios como si fuera el ultimo beso que daba, recreándose en sus labios, fue un beso largo, profundo, húmedo, que las dejo a las dos sin aliento. Y Yolanda devolvió la caricia con creces haciendo mas intenso el contacto de su cuerpo contra el de Esther, era como si dos naufragas se hubieran encontrado después de una larga tempestad.

Al fin, Esther recobró algo de cordura, se separó de Yolanda que seguía con los ojos cerrados... Y la miró ligeramente asustada de la reacción de la joven, nunca había visto tanta intensidad en ninguna otra mujer y eso la desconcertaba. Yolanda abrió los ojos, y mirando a Esther le dijo

  • - ¿Nos vamos?
  • - ¿A dónde?, ¿Vives sola?.
  • - Nooo... con mis padres.
  • - ¿con tus padres? ¿Cuantos años tienes?
  • - 22
  • - ¡¡¡22!!!, yo pensaba que tenias mas.
  • - Jajaja, no se como tomarme eso.
  • - Noo, solo que te había calculado mas, será por el maquillaje.
  • - Bueno, y ¿eso te importa?, le pregunto Yolanda ladeando la cabeza, y mirándola interrogadoramente,
  • - Noo, solo pensé que...

Esther no pudo terminar la frase porque Yolanda había alzado los  brazos a su cuello y acercado de nuevo sus labios a los suyos con lo que Esther fue incapaz de pronunciar nadas más. 

Siguieron besándose largo rato, Yolanda seria joven pero  no inexperta, eso lo tenia claro Esther, así que se dejó hacer. En un momento determinado oyó que Yolanda le decía al oído,

  • - por favor, sácame de aquí
  • - Sí, vamos, dijo roncamente Esther

La cogió de la mano y salieron al frío aire de la madrugada, Esther no se había dado cuenta de que el tiempo había pasado rápidamente, aunque en esos momentos tampoco le importaba demasiado. Estaba totalmente subyugada por esos ojos de gata....

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25/05/2007

EL ANILLO (12)

Entre ambas, la gente se movía en la pista de baile al son de la música que la DJ ponía sin parar. En un principio Esther pensó que una monada como aquella estaría acompañada así que siguió pasando la vista buscando alguien con quien compartir bebida y baile, pero sin quererlo siempre terminada mirando hacia el mismo sitio, los ojos de aquella mujer atraían su mirada con si fueran imanes.

Miró a ambos lados de la joven para ver si cerca de ella había alguien con quien estuviese, y no, no parecía que nadie se le acercara. Por su parte la joven estaba mirando también sin disimulo alguno a Esther tan intensamente que esta noto que se ruborizaba. Ya no dudo mas, y se dispuso a cruzar la pista de baile en su dirección, pero cuando iba hacerlo otra mujer se había acercado a la joven y ya estaba hablando con ella.

Lógico, pensó Esther, ya me extrañaba a mí que estuviera sola. Así que se dirigió de nuevo a la barra para pedir otra copa porque entre miradas y miradas la primera ya había caído.

- un Eristoff con cola

- Hola, ¿me pides a mi otro? Oyó decir a su espalda.

- Claro que sí , dijo volviéndose y quedándose parada porque la persona que se lo había pedido era la misma joven que había estado observando y que ahora la miraba con una sonrisa.

- Estooo, ¿de que la quieres?, logró decir

- De lo mismo que estas bebiendo tú.

- Vale, espera un momento.

- Bien.

- Que sean dos copas de lo mismo, dijo Esther volviéndose de nuevo a la camarera.

Notó que le tocaban el hombro y se volvió de nuevo, era la joven otra vez.

- Toma, dijo tendiéndole un billete de 10€.

- No, deja, si me lo permites te invito

- Ah vale, pues muchas gracias,

- No hay de qué.

Esther cogió las consumiciones y le tendió una a la joven.

- Bueno será mejor que me presente, me llamo Esther.

- Yolanda, dijo la joven dandole un eo en la mejilla.

- ¿Vamos a aquel lado que esta mas tranquilo?

- Vale.

Llegaron a uno de los extremos de la sala donde la música se oía mas tamizada, y una vez allí ambas se quedaron mirándose calladas. Esther para salir de la incomoda situación succiono la pajita de su bebida y Yolanda procedió a imitarla,  "que labios tiene esta chica" pensó Esther.

-¿has venido sola?, la preguntó Esther

-Si, ¿y tú?

-Sí yo también.

-¿Vienes mucho por aquí?

- No, es la primera vez y no conozco a nadie

- como yo.

En ese momento empezó a sonar una canción de Rosana, de las denominadas lentas, "El Talismán", con sorpresa se miraron Yolanda y Esther, y se echaron a reír al unísono,

- jajaja, esto sí que es una novedad, dijo Esther

- si, es la primera vez que he oído algo así en una discoteca.

Siguieron mirándose y Yolanda dijo con un susurro:

- ¿bailas?

- ¡claro¡ exclamó Esther pasándole el brazo por la cintura.

Se sorprendió de lo bien que sus dos cuerpos se acoplaban, e inmediatamente pensó que le gustaría danzar con ella de otra manera. Yolanda no decía nada, solo se dejaba llevar apoyada en Esther con los ojos cerrados.

Uff, pensó Esther mirándola ,  esta chica es....

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22/05/2007

EL ANILLO (11)

Nunca había salido en domingo así que no fue al sitio habitual. Le habían hablado de un nuevo local que abría por las tardes desde las 6, y pensó que era un buen día para echarle un vistazo. El portero, un muchacho alto y fuerte con el pelo rubio cortado muy corto, la dejo pasar después de dedicarle un rápido vistazo  sin más problemas. Cuando penetró en el local le sorprendió encontrarse en un recinto amplio y mas iluminado que los habituales, de paredes blancas, brillantes, donde predominaba el acero y el cristal, con luces azuladas que se reflejaban por todo el local.

Al fondo se encontraba una larga barra de cristal pavés,  de colores rojizos y anaranjados, donde se reflejaban todas las botellas situadas a su espada, y donde tres camareras vestidas de negro con ropa ajustada y provocadora, no paraban de preparar copa tras copa a la gritona clientela que se agolpaba ante ella.

Enfrente de la barra, estaba la cabina de música, donde una joven Dj, se afanaba poniendo canción tras canción con el volumen tal alto que era difícil hasta oír lo que una pensaba.

"No esta mal, pensó Esther, muy moderno, pero bonito". Logró que la camarera rubia de pelo cortado al estilo militar y un piercing en el labio inferior, le pusieran una copa, lo de siempre, un Eristoff con Coca Cola, y paseo la mirada a su alrededor observando cuidadosamente la clientela.

Había mujeres de todas las edades, desde jóvenes muy jóvenes hasta mujeres ya maduras, que sentada en pequeños silloncitos situados a lo largo de las paredes, tomaban tranquilamente sus respectivas copas mientras observaban como bailaban las mas jóvenes.

Su mirada tropezó de pronto con unos ojos que también la estaban observando.

¡Que par de ojazos!, pensó Esther, y siguió recorriendo el resto del cuerpo de la propietaria de aquellos ojos. Era una mujer joven, no más de 26 años, calculó Esther, con una larga melena castaña que le llegaba hasta casi la cintura. ¡¡¡Es preciosa!!!, pensó Esther.

 

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EL ANILLO (10)

Al principio Ana tampoco dio mayor importancia a las huidas de Esther, estaba tan enamorada de ella que ni se le pasaba por la mente la posibilidad de que la estuviera engañando, máxime cuando la pasión de Esther por ella parecía mas intensa que el primer día, o eso al menos le sentía ella. Pensaba que lo que tenían al principio era sólo la pasión del momento, pero ahora la relación era mucho mejor porque estaba rodeada de cariño. ¡Con cuanta facilidad se engaña a si mismo el ser humano!, ¡y, hasta que punto puede ponerse la venda sobre los ojos para no ver las señales!.

Esther nunca había dejado de querer a Ana, pero poco a poco solo   quedó eso, el cariño. Lo cierto es que Esther se debatía entre el esa devoción y cariño que le tenía a Ana y la sensación de excitación que le producía el saber que todavía alguien la deseaba desde un plano físico y no meramente espiritual. Era como un cazador acechando a su presa, se sentía mucho mas excitada por los momentos previos en los que lograba contactar, aquéllos en los que al posar su mirada intensa alguien le devolvía otra mas intensa todavía, o cuando esbozando una ligera sonrisa la joven de turno le respondía con otra mas amplia. Era el hablar a alguien al oído y que es alguien se sonrojara, el sentir un pequeño temblor de su pareja al acercar su boca a la suave curva de su cuello, el notar su estremecimiento cuando sus manos se posaban sobre sus pechos... Esos momentos para Esther eran incomparables.

Claro que después solía acabar en el coche, o el pequeño cuarto de algún hostal o si había suerte en el piso con su propietaria, y desde luego que le gustaba, pero nada se podía comparar con la adrenalina que suponía el iniciar la conquista, en el fondo Esther siempre había sido una romántica empedernida, le gustaba amar por el simple hecho de hacerlo.

Al principio sentía un ligero remordimiento por estar defraudando el cariño de Ana, pero se auto convencía pensando que a Ana la quería con locura, y las otras no eran mas que un mero pasatiempo. Nunca dejaría a Ana, cierto que su relación física había decaído considerablemente, la mayoría de las veces o Ana estaba muy cansada, o no se encontraba bien o buscaba cualquier otra excusa para no hacer el amor con Esther, por eso, se decía, tenia que encontrar la liberación física de cualquier otra manera, solo era eso, una cuestión física, de hecho se había prometido que nunca, jamás, estaría mas de una vez con la misma mujer, y por eso, pensaba, no sentía que estaba engañando a Ana.

Ese domingo, sin embargo, algo cambió.

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20/05/2007

EL ANILLO (9)

 

Capitulo IV

Monotonía

Esther pensaba que "lo que no se sabe no daña" y siguiendo esa premisa había continuado ocultando a Ana sus pequeños pecados, como le gustaba llamar a sus aventuras a escondidas.

La monotonía cotidiana se iba apoderando de su relación y poco a poco las había ido distanciado. Ahora, al cabo del tiempo los domingos ya no eran algo especial sino una parada del espacio/tiempo de sus vidas. Sentadas cada una a ambos lados del sofá miraban los programas de televisión sin verlos realmente, cada una sumidas en sus propios pensamientos.

Ana se hacia la dormida, y Esther lo sabia, y tampoco tenia ganas de insistir. Ya no quedaba ni una chispa de su antigua pasión, lo que para Esther era inconcebible, en cambio para Ana era una situación ideal.

Esther había propuesto sutilmente en varias ocasiones la posibilidad  de experimentar nuevas sensaciones, de salir con mas gente, no sabia bien cómo pero, según le dijo a Ana un día, algo tenían que hacer para que su historia no se fuera a pique; sin embargo para Ana aquella situación era la ideal. Tenia un lugar donde descansar, donde ser ella mismo y donde tener a Esther para ella sola, con ello se sentía feliz, no necesitaba nada mas.

Y Esther, cada vez mas frustrada por no poder compartir sus pensamientos con la persona que mas quería, se volvía cada vez mas solitaria, mas taciturna, poco a poco el brillo de sus ojos se habia ido apagando.

Ese domingo, como habia sucedido durante los últimos dos años, sentada en el sofá Esther miraba de reojo a Ana que, enroscada en el otro extremo del sofá y medio adormilada, tenia las manos posadas sobre su regazo. Esther observó con asombro como el anillo que lucia Ana brillaba con la misma intensidad de siempre y la verdad, no lo entendía. Había comprado una fuerte limpametales sin que el anillo recobrara ni por asomo su primitivo brillo, incluso había ido a una  joyería a que le dieran un baño de plata pero al cabo de dos semanas, el anillo se había vuelto opaco de nuevo. Mirando la mano de Ana se preguntaba como conseguía ésta mantener el suyo casi como el primer día. Para ella empezaba a representar un gran misterio.

Se quitó el anillo y volvió a mirarlo de cerca.... Uhmmmm, no, no entendía porque había perdido tan súbitamente su brillo, ¿seria que estaba hecho de un material distinto del de Ana? O de alguno tipo diferente de plata. Bueno, tampoco es que fuera tan importante, lo lógico es que el paso del tiempo hubiera desgastado el material, pero entonces ¿Por qué el de Ana permanecía casi intacto?. Empezaba a resultar una cuestión cuanto menos incomoda.

El domingo siguiente Esther encontró una excusa factible y no ocupó su lugar en el extremo del sofá.

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19/05/2007

EL ANILLO (8)

 

Lo cierto es que al final se veían los domingos y gracias... Pero claro, los domingos tocaba hacer mas cosas todas aquellas que entre semana era imposible hacer; organizar la ropa para la semana siguiente, la limpieza del pequeño estudio, ir al supermercado del Corte Ingles, único sitio abierto ese día, con lo que al final solo podían estar realmente juntas un rato por la tarde... No, la vida no resultaba fácil, nadie había dicho que lo fuera, pero con el paso del tiempo la rutina les fue pasando factura.

Ana, vital y alegre por naturaleza, seguía enamorada de Esther pero... de otra forma. Se había auto adjudicado el papel de ama de casa responsable para que el tiempo que ambas estuvieran juntas en el pequeño estudio fuera lo mas perfecto posible, se había vuelto casera y solo deseaba tener una jornada apacible junto a su amor.

Para Esther tanta perfección le empezaba a cansar. Ella era mas de divertirse después de una larga jornada de trabajo, de salir a tomar una copa, de bailar, de ir con mas gente y al final de la noche para rematar lo que ella definía como un día perfecto, hacer el amor a Ana intensamente.

Poco a poco Esther se había ido distanciando de Ana, sin que en el fondo dejara de quererla intensamente pero sentía que necesita algo más. Nunca se había planteado ser infiel a Ana, esas  cosas normalmente no se planean, simplemente surgen, y al principio solo fue tontear con alguna cliente del Restaurante donde trabajaba sin ir a más... Pero poco a poco, ese coqueteo se iba haciendo mas intenso y excitante.

Al final, y como dice el refrán, tanto va el cántaro a la fuente que sí, surgió la oportunidad, y una cliente habitual de Restaurante fue mas allá del siempre coqueteo con Esther y ambas terminaron en la habitación del hostal cercano dando rienda a una loca tarde de sexo. Esther estaba sorprendida de lo fácil que había sido y lo que era mas grave, no se sentía culpable de nada, en el fondo de su corazón sabía que seguía queriendo a Ana y que aquello no significaba nada.

Había dejado el anillo sobre la repisa del lavabo para que no se mojara cuando se duchaba, como hacia siempre, y cuando salió de la ducha lo cogió para colocárselo de nuevo en el dedo pero notó algo distinto en él, no sabia bien que era. Lo miró fijamente y lo giró entre los dedos para ver que era lo que había cambiado. Al final cayó en la cuenta, el anillo ya no brillaba tanto como antes, estaba mas opaco.

- Claro, pensó, es de plata y ha perdido brillo. Compraré un limpia metales y solucionado.

Esa noche, como cada noche, volvió  a meterse en la cama y a abrazarse al cuerpo de Ana, como cada noche, sin sentir el menor remordimiento, pensando que en el fondo todo estaba bien, no había pasado nada....

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17/05/2007

EL ANILLO (7)

  • - Venga vamos a verlos,

Eligieron dos anillos de plata, que dentelleaban a la luz de sol como si fueran sendos diamantes. Eligieron unos anillos anchos, con unos símbolos árabes grabados a lo largo su superficie, que según el orfebre, un hombre ya mayor con el pelo canoso y cara de papa Noel, según recordarían entre risas mas tarde en el viaje de vuelta, significaba "amada mia, para siempre".

Capitulo III

¿Amada mía, para siempre?

El tiempo había pasado para Esther y Ana y ese paso había ido dejando huella en su relación. El tiempo tiene esa facultad, pone las cosas en su sitio, coloca las vidas de las personas y da sentido a sus acciones, y muestra la cara mas fea de la realidad cotidiana.

A su vuelta de Córdoba, Ana y Esther se fueron viendo, siguieron saliendo y afianzando la relación y al poco tiempo ya habían decidido que estaban hechas la una para la otra. Con esfuerzo alquilaron un pequeño apartamento en la Cava Baja de Madrid, frente al Palacio del Arzobispo. Era un estudio abuhardillado de una sola habitación con una pequeña cocina tipo americano, y un pequeñísimo cuarto de aseo.

Al principio la ilusión les hizo imaginarse viviendo para siempre felices, como en los cuentos de hadas, y que el pequeño espacio del estudio, de apenas 32 metros cuadrados, era un palacio en el que ambas volvían después de trabajar durante todo el día y podían dedicarse a ser felices.

Fueron al Rastro a comprar un somier, un colchón, dos mesillas de noche, una mesa redonda y dos sillas, ya que en el pequeño estudio no cabía un mueble mas. Gracias a Dios, como solía decir a menudo Ana, que al menos hay un armario empotrado porque sino habría tenido que guardar la ropa directamente en la maleta.

Poco a poco fueron acomodándose en el pequeño estudio, estaban esperanzadas, ilusionadas, pensaban que aquello que había nacido entre ellas en Córdoba no se iba a romper jamás. Juntas colgaron dos pequeños marcos con unas fotos en blanco y negro, en donde se las veía abrazadas y felices en diversos lugares de Madrid. Ana había cosido unas cortinas y ambas, riendo porque por mas que las habían medido repetidas veces las cortinas colgaban mas de un lado que de otro sin que pudieran adivinar porque, y las colocaron sobre la única ventana del estudio.

Esther era mañosa y consiguió montar una estantería en donde poner los múltiples libros que ambas tenían, que a la par servia para soportar las cajas de CD's. Sí, era un estudio pequeño, pero se respiraba la calidez y el cariño que sus habitantes habían puesto en él.

Pero la convivencia nunca es fácil, y si lo que nos rodea no ayuda puede llegar a pesar como una losa. Ambas trabajaban pero sus horarios eran tan dispares que casi no les permitían verse. Cuando Esther llegada a casa casi a las 12 de la noche, después de una dura jornada en el Restaurante, Ana ya estaba acostada y dormida porque tenia que levantarse a las 5 de mañana para acudir a su trabajo en la fabrica de Piel. Solo los domingos podían disponer de tiempo para ellas.

Esther llegaba rota de estar casi toda la tarde y noche de pie, se quitaba la ropa y se metía en la cama abrazando el calido cuerpo de Ana, que se acoplaba al cuerpo de Esther medio dormida buscando su contacto, y así se quedaban las dos dormidas hasta que el despertador soltaba su desagradable alarma, y Ana le daba un manotazo para apagarlo corriendo para que no se despertara Esther.

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15/05/2007

EL ANILLO (6)

 -       Lo siento, no quería…

-       No lo sientas, yo si quería, dijo Ana.

Se miraron con intensidad unos segundos más. Ahora fue Ana la que alzó sus brazos y atrajo a Esther. Esta vez sí que fue un beso, largo, intenso, con el sonido del canto de cientos de pájaros y el olor almizclado de las flores de los naranjos. Desde ese momento, cada vez que Esther oía el canto de los pájaros y aspiraba esa fragancia la venia a la mente ese beso con Ana.

Y, ahí casi finalizó la visita a Córdoba porque Esther y Ana, sin cambiar palabra y cogidas de la mano, salieron del recinto de la Mezquita y volviendo lentamente sobre sus pasos regresaron de nuevo al Hostal, de donde no salieron hasta el día siguiente al medio día, por aquello de que tanto ejercicio habría el apetito y Esther, con su mente practica, dijo que algo más de Córdoba tenían que visitar, aunque solo fuera sus tascas.

Salieron a calle en dirección de nuevo al barrio de la Judería , paseando por su calle engalanadas, sus patios interiores a reventar de flores porque era la época del concurso de patios en Córdoba. Al final llegaron al famoso Callejón de las Flores que, cosa rara, en ese momento estaba vacío, posiblemente porque eran ya las dos del medio día y a esas horas la gente ya esta comiendo, la cuestión es que plantadas las dos en medio del patio en que terminaba el corto callejón, roreadas balcones y ventanas en donde colgaban cientos de macetas con miles de geranios de todos los dolores imaginables, con sus verdes hojas y tallos contrastando con el blanco de las paredes de las casas, se sintieron transportadas  a otro universo solo poblado por ellas dos. Se abrazaron y se besaron en aquel pequeño paraíso de flores andaluzas, rodeadas de luz, olor y color, como protagonistas de una obra de teatro con el foco dirigido hacia ellas.

Al final Ana, recuperando la realidad dijo,

-       Esther, jajajaja, se supone que hemos salido a comer.

-       Ahh, si Ana es verdad, pero no puedo dejar de besarte.

-       Ya Esther pero como no cojamos algo de fuerzas, mi madre no va a ver a su hija, sino a un espectro, jajajaja.

-       Jajajaja, vale, volvamos a la realidad.

Fueron paseando y probando tapas por el famoso barrio, hasta que en una de las callejuelas se encontraron con un pequeño taller de orfebrería de los muchos que hay por Córdoba. En su escaparate además de miles de pequeñas joyas artesanales, pulseras, camafeos, colgantes, y anillos, también  había un pequeño cartel que decía “Elige tu anillo, te lo personalizamos”. Ana y Esther se miraron y se echaron a reír,

-¿nos hacemos uno?

- Sí, me gustaría tener un pequeño recuerdo de este fin de semana tan especial, dijo Ana.

 

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13/05/2007

EL ANILLO (5)

 

Ninguna de las dos supo cuanto tiempo  permanecieron las dos así. Salieron del ensimismamiento cuando un grupo de alborotadores turistas japoneses hicieron acto de presencia en la sala.

  • "Abderraman II (822) amplió la sala de oración en ocho tramos hacia el sur, con una clara influencia abbasí en la decoración, fruto de los contactos políticos con el califato oriental y de la llegada de personajes de Oriente a la Península. Mohamed I da forma definitiva a la Puerta de San Esteban, de la que se desconoce su verdadero origen, ..."

Consiguió seguir leyendo Esther, y Ana intentó seguir escuchando aunque tampoco entendía con claridad las palabras que salían de la boca de Esther, boca que miraba pensando como seria besar esos labios, morderlos... Reaccionando con el destello de uno de los múltiples falsees que los turistas disparaban, Ana se sintió ruborizar tan intensamente que hasta Esther se dio cuenta,

- Ana ¿estas muy congestionada, te encuentras bien?.

- Si Esther solo es el calor que hace aquí adentro.

- Pero Ana si hace un frío que pela entre estas anchas paredes...

- Pues no se -contestó Ana sintiendo que cada vez enrojecía mas-, pero yo tengo calor.

- Vamos al Patio de los Naranjos y te refrescas en una de sus fuentes.

- Bueno Esther, pero estoy bien.

Salieron al patio, los naranjos estaban en flor, y su olor pesado y ligero a la par se extendía por todo el recinto, se metía como un intruso por las fosas nasales transmitiendo su aroma por todo el cuerpo.  Salir de la Catedral, y aspirar ese aroma hizo que Ana casi se mareara. Esther dándose cuenta, le dijo

- Ahora estas pálida, ya veo que o te ha impresionado más de lo normal la Mezquita o tienes una bajada de azúcar, Ana.

"Bajada de azúcar... já", repitió mentalmente Ana, lo que tengo es un calentón, que no se como no se da cuenta Esther.

- Espérame sentada en las escaleras de este pasillo que está fresco y voy a mojar un pañuelo. No te muevas.

- No me muevo pero de veras que estoy bien Esther, no te preocupes.

Pero Esther ya la estaba mirando con el ceño fruncido y dándose media vuelta salió deprisa en dirección a la fuente.

Sentada en los escalones, Ana se sujetaba la cabeza mientras intentaba serenarse. "pues si que me he puesto nerviosa, total no es la primera vez que miro a Esther pero habrá sido el aroma este que me hace sentir rara, o yo que se".

Esther regresó al momento con el pañuelo empapado del frío líquido,

- Ana, agacha un poco la cabeza que voy a pasarte el pañuelo por la nuca.

Y Ana, obediente, se retiró el largo cabello sujetándolo con la mano a un lado y presentó la nuca a Esther. Esther hizo el ademán de ir a colocar la tela mojada sobre la nuca de Ana, pero la visión del nacimiento de sus rubios cabellos, rebeldes, soltándose entre los dedos de la sujeción de la mano de Ana, y el olor que desprendían hizo que se quedara parada, con la boca seca. "nunca he visto nada tan bonito", pensó.

- ¿Esther?.

- ¿eh? A si, perdona Ana es que estoy doblado el pañuelo para acomodártelo mejor.

- Uyyyyy, que frío, jajajaja, gracias Esther ya me encuentro mejor, dijo levantando de ponto la cabeza.

Al levantar la cabeza sus caras quedaron a pocos centímetros una de la otra, ya ninguna de las podía esconder sus sentimientos. Esther mirando a Ana desde arriba pensó que tenía que besar esos labios como fuera y pasara lo que pasara. Sus bocas se acercaron tímidamente, no fue ni siquiera un beso, solo un roce, Ana pensó que no había sucedido y que solo lo había soñado. Pero no, ahí estaba la cara de Esther, sus ojos mirándola con intensidad y a la par con culpabilidad.

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12/05/2007

EL ANILLO (4)

 

Con el tren en marcha pareció romperse la tensa situación y ya mas relajadas comenzaron a charlar como siempre. Y sí, claro que visitaron la famosa barra caoba de la cafetería como quería Raquel, tomaron un café cambiando impresiones sobre las diferencias con los trenes normales, y cuando se quisieron dar cuenta habían llegado a Córdoba.

A la salida de la salida cogieron uM  taxi y se trasladaron al Barrio de la Judería, cerca de la Mezquita donde había reservado habitación doble. El taxi callejeó por las estrechas calles de la Judería, tan estrechas que en algún momento pensaron que se iban a quedar encajonadas en una de ellas, pero el taxista era un hombre experto y eso no sucedió.

El hostal, era pequeño pero acogedor, se respiraba olor a café en la recepción. Para llegar a la habitación había que atravesar una especie de patio andaluz plagado de grandes macetones con petunias y geranios en flor de todos los colores, colocados alrededor de una fuente de la que caiga en cascada el agua con un alegre sonido, y que servia de excusa perfecta para poner unas pequeñas mesas y sillas donde los clientes del hostal estaban desayunado.

Al final del corredor llegaron a la habitación 202. A esas alturas ni Esther ni Ana  pronunciaban palabra, iban calladas, cada una rumiando sus pensamientos, tensas como las cuerdas de un violín.

Esther abrió la puerta y entraron. La pequeña habitación se veía confortable. Tenia una ventana con su correspondiente reja andaluza, que le daba un carácter mas alegre. Las dos camas de 0,90, estaban separadas por una coqueta mesilla de pino pintada de blanco,  y con un quinqué como lamparita de noche. Dentro de lo sencilla que era se notaba una habitación limpia y acogedora, lo que hizo que Esther exhalara un suspiro de alivio ya que había sido la encargada de hacer las reservas.

-No esta mal, ¿verdad Ana?.

- No esta muy bien, la verdad, no pensé en un principio que siendo tan económico fuera tan agradable. 

- Que te parece si colocamos un poco la ropa y nos vamos a patear la ciudad?.

- Perfecto Esther, hay que aprovechar el tiempo que sino se nos quedaran cosas en el tintero.

Saliendo del Hostal se dirigieron a la plaza donde estaba la Mezquita, y entraron en ella. Esther tan previsora como siempre llevaba una guía de la catedral y procedió a ir leyendo a Ana las maravillas que iban viendo... en un momento determinado se quedaron solas en uno de los extremos de primitivo templo... "construido por Abderraman I..." , estaba diciendo en ese momento Esther y Ana debajo de sus arcos, en la semipenumbra del lugar, la escuchaba embobada y mirandola tan fijamente que al final, Esther notandosobre sí la intensa mirada de Ana, levantó la vista y los ojos de ambas quedaron enredados. Desde el patio de los Naranjos llegaba el tenue olor de sus flores, lo que contribuida a dar a la escena un aire mas irreal todavía.

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