23/06/2007

EL ANILLO (23)

La sorpresa fue mayúscula cuando al ponerse delante de la mesa se encontró con Yolanda.

  • - ¡Yolanda que haces aquí!
  • - Pues ya ves, cenar. Jajajaja, Esther no pongas esa cara, yo de vez en cuando también me se arreglar para la ocasión. Además al fin y al cabo iba a venir a buscarte ¿recuerdas? Así que me he dicho ¿Por qué no aprovechar y cenar?
  • - Yolanda me pones en un compromiso, esta mesa no me corresponde a mi.
  • - Bueno que yo sepa esto es un restaurante y yo deseo cenar, ¿tienes algún problema con eso también?

Esther no tuvo mas remedio que echarse a reír, porque lo cierto es que ver a Yolanda así vestida, de mujer seria y formal, frunciendo sus bonitas cejas y con un mohín de enfado en su boca, era un placer para los ojos de cualquiera, la verdad.

  • - Jajaja, vale, tienes razón, pero te tendrá que servir, mi compañera Lucia.
  • - Bien pero recuerda que luego hemos quedado,
  • - Si, lo recuerdo, pero habíamos quedado a partir de las 12, y ahora no puedo atenderte.
  • - Pues cenaré sola, no pasa nada.
  • - Vale, dijo Esther, dándose la vuelta y volviéndose a atender sus propias mesas.

La noche fue transcurriendo con relativa normalidad, porque Esther no hacia mas que mirar en dirección a la mesa de Yolanda que, como si la cosa no fuera con ella, cenó con tranquilidad y con apetito, según pudo comprobar Esther.

El pequeño Restaurante, era acogedor, pensó Yolanda recorriendo el local con la mirada. Las paredes pintadas con un estucado color melocotón, y los múltiples cuadros colgados a su alrededor conteniendo fotos viradas en sepia con imágenes de figuras antiguas en distintas poses, le daban un toque de complicidad y cercanía. Las mesas estaban vestidas con manteles blancos impolutos, en el centro de los cuales se habían colocados velas encendidas protegidas por unas campas de cristal. La clientela que acudía allí era gente joven, parejas de enamorados, algún grupo celebrando un cumpleaños. Era un buen lugar para estar y hablar relajadamente.

Al final la jornada se terminó y Esther se quito el uniforme negro que llevaba y se vistió de calle, para ir en busca de Yolanda que ya la esperaba tomándose un segundo café.

  • - ¿Nos vamos?
  • - ¿Ya has terminado con todos tus deberes laborales?, le dijo Yolanda con retintín.
  • - Si, ya he terminado, le contestó con cansancio.

Yolanda se levantó y ambas se dispusieron a salir, cuando de pronto David, dijo.

  • - Ah, por cierto Esther, esta tarde ha venido tu chica y te ha dejado esta carta, perdona pero con el jaleo que hemos tenido se me había olvidado dartela.
  • - ¿Cómo dices David?
  • - Que esta tarde antes de que tú llegaras Ana ha venido por aquí y me ha dado este sobre para ti. ¿Qué pasa, estáis de morros?, jajajaj.
  • - David no me hace ninguna gracia, ya te podías haber acordado, ¡anda que si fuera algo urgente...!
  • - Lo siento, se me había pasado por completo, dijo David compungido ante la palidez de la cara de Esther.
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20/06/2007

EL ANILLO (22)

Estaba claro que de momento no podría volver al estudio con Ana, así que lo primero que tenia que hacer era acudir a su trabajo en el restaurante y desde allí llamar a.... ¿Quién?. Lo cierto era que desde que inicio de su relación con Ana había ido alejándose de sus amigos de toda la vida y ahora no tenía a quien acudir a que le prestara ayuda.

Arrancó y se dirigió al Restaurante que a esas horas se encontraba vacío, solo estaban David  y Lucia, sus compañeros de trabajo que preparaban ya las mesas para recibir a los clientes. Los miro de reojo, hacia tiempo que sabia que entre ellos había algo mas que una simple amistad, pero tampoco tenia tanta confianza para pedirle a ninguno de ellos asilo por algunos días. Iba a ponerse el uniforme cuando el móvil sonó. Miró el display con la esperanza de ver el nombre de Ana de él, pero era un número desconocido.

  • - ¿Sí?
  • - Hola, ¿Esther?
  • - Si, ¿Quién es?
  • - Soy Yolanda.

En silencio se hizo a ambos lados del móvil. Lo que menos esperaba Esther en esos momentos era una llamada de Yolanda.

  • - Hola, Yolanda.
  • - Esther, ¿Qué tal todo?
  • - Pues mal, mi novia me ha echado de casa así que ya ves como voy a estar, no se todavía ni lo que voy a hacer
  • - Pero ¿tu quieres volver con ella?
  • - Claro que quiero, pero no me deja ni explicarme
  • - A lo mejor es que ya no esta interesada en ti,
  • - ¡Joder Yolanda!, pero al menos me gustaría que me dejara pedirle perdón.
  • - Bueno, solo quería que supieras que yo si lo estoy.
  • - Ya
  • - ¿quieres que nos veamos luego? Te vendría bien hablar
  • - ¿Hablar contigo? Eso es no es fácil Yolanda,
  • - ¿Porque dices eso? ¿Por qué soy mas joven que tu?, Siempre he sabido escuchar. Déjame intentarlo al menos. No va a pasar nada, solo hablaremos.

Esther no sabia que hacer pero, pensó "¿y porque no?, al fin y al cabo a hora mismo no tengo otra persona con la que volcar mis pensamientos"

  • - Bueno, vente a las 12 a la salida del Restaurante,
  • - Vale, dijo Yolanda, dame la dirección.

Esther le dio la dirección y colgó. La vida, pensó, está llena de sorpresas y en ese momento el ofrecimiento de Yolanda era lo mas atractivo de la noche, al menos la ayudaría a pensar como solucionar el lío en que se había metido.

Eran las 10.20  de la noche y el local estaba lleno. Las mesas estaban casi todas ocupadas y los camareros, entre los que se encontraba Esther, iban y venían trayendo y llevándose plato tras plato.

  • - La mesa 4 te reclama, Esther
  • - La mesa 4 es de Lucia, David, que la atienda ella que yo no tengo ya mas manos
  • - Lo se Esther pero es que me ha pedido que seas tu quien la atienda.
  • - Yo?, bueno. Ya voy.

Se dirigió hacia la mesa y allí vio de espaldas sentada a una mujer de porte elegante, con el pelo recogido en un artístico moño italiano, tenía bonitas curvas remarcadas con un jersey verde de angora de cuello alto. ¿Quién será? Se preguntó Esther según se acercaba a la mesa, a simple vista no la reconocía pero había algo en ella que le resultaba familiar... 

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14/06/2007

EL ANILLO (21)

 ....nunca la había visto así, y "está guapísima", se sorprendió pensando... "¿que tonterías estoy diciendo en este momento? Pero es que era cierto. Esther la estaba viendo en ese momento completamente distinta, ya no era la mujer sumisa, callada, empequeñecida en que se habia convertido últimamente. Tenía los ojos brillantes, los labios húmedos y enrojecidos, y su pecho subía y bajaba debido a la rabia que la poseía.

Estaban las dos tan cerca que casi sus cuerpos se tocaban, Esther extendió la mano para tocar a Ana en un gesto de disculpa pero  y ésta le espetó:

  • - No me toques, le dijo con odio. No volverás a tocarme nunca mas Esther.
  • - Ana, por favor escúchame
  • - No quiero escuchar nada mas, Esther, ya has dicho y hecho bastante.
  • - Ana tu nunca me has escuchado, por eso estamos ahora en esta situación.
  • - ¿Que quieres decir, que es culpa mía el que te haya dado por acostarte con crías?. Por favor Esther, no digas tonterías.
  • - Tu siempre lo arreglas todo igual, sin hablar, sin darme una oportunidad de explicarte lo que me pasa. Y que conste, yo no persigo a nadie, son ellas las que me persiguen a mí.
  • - Pues mira, sí te voy a dar la oportunidad de que te vayas de casa, o te vas tú ahora mismo o cojo yo la maleta, elige.
  • - Pero ¿que dices Ana?, esta también es mi casa y no podemos zanjar 10 años en común así.
  • - Esther no he sido yo la que la que ha tirado por la borda esos 10 años, te recuerdo que yo siempre he estado aquí esperándote y creyendo en ti. En serio, ahora mismo no puedo ni mirarte, así que....

Hacia frío, ahora empezaba a notar el frío que hacia dentro del coche, pero Esther no podía reaccionar, llevaba horas agarrada al volante del coche sin poder mover un musculo, no podía reaccionar, una y otra vez rememoraba en su cabeza la escena con Ana, la bofetada que al final le habia dado Ana, su mano abriendo la puerta de la calle y el portazo detras de ella.

 ¿Qué hago, que hago, que hago?, se preguntaba sin encontrar la respuesta.

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13/06/2007

EL ANILLO (20)

Sentada en el coche, aparcado en un lateral de la calle cerca del Pº de Recoletos, Esther tenia agarrado el volante con tal fuerza que los nudillos le clareaban. Miraba hacia delante sin ver realmente como los coches pasaban de un lado a otro, la gente apresurada caminaba por la acera, pero la cabeza de Esther no registrada nada de lo que pasaba a su alrededor.

Volvía a ver una y otra vez la escena con Ana. Era una película en blanco y negro que no hacia más que repetirse una y otra vez. Se veía entrando en casa, esperando que Ana estuviera ya en el trabajo, pero no, estaba allí, sentada en el sofá, rígida como una tabla, pálida, su cara no registraba nada, solo sus ojos tenían cierta vida. Estaban brillantes, tan brillantes que se distinguían en la oscuridad del apartamento.

  • - Hola, Ana, dijo sentándose a su lado, tenemos que hablar.

Ante el silencio de Ana, Esther se sintió perdida, sin saber que hacer. Sujetándose las manos y con la mirada prendida en el aire, Esther fue confesándole todo a Ana. Una tras otra fue vomitando sus salidas a los bares de copas, sus infidelidades, incluso la última noche pasada con Yolanda. Era como si una vía de agua se hubiera abierto en el débil casco de su alma.

Ana seguía en la misma postura, sin moverse. Esther de vez en cuando la miraba de reojo, sabia que cada palabra suya era como un alfiler que se clavaba en el corazón de Ana, pero no podía parar tenia que soltarlo todo. Al final se calló, oía la respiración de Ana pero ésta seguía sin decirle nada.

  • - Ana, dime algo, enfádate, chíllame, pero di algo.
  • - ¿Y que quieres que te diga, Esther? Explotó Ana. En el fondo lo esperaba, pero siempre creí que antes de engañarme serias sincera conmigo, al menos creo que me merecía un poco de respeto, ¿no crees?
  • - Ana, lo siento, no he sabido comprenderte.
  • - ¿comprenderme?, Creí que estaba muy claro Esther, yo te querría, creia en nuestra relación, pensaba que te hacia feliz.
  • - Bueno Ana, estaba claro que lo nuestro no iba últimamente.
  • - Para mí, sí.
  • - Pues para mi, no.

SE quedaron enfrentadas mirándose con odio, sus miradas se cruzaron encendidas. Era la primera vez, pensó Esther, que Ana demostraba algún sentimiento hacia ella aunque fuese jodio.

La reacción de Ana le sorprendió...

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10/06/2007

EL ANILLO (19)

 

Esther la observó mientras se levantaba y se dirigía a la ducha, desde luego que había sido una locura, pero si era sincera, no se arrepentía de nada. Hacia tiempo que necesitaba una noche así de loca, ya llegaría el momento de hacer frente a la situación, pero en este momento ya todo le daba igual, notaba que algo se había roto en su interior de forma irremediable.

Siguió tumbada intentando relajarse con los ojos medio cerrados, cuando su mirada tropezó con el anillo... ¿Qué le había pasado?, ¡¡¡estaba casi negro!! Se miró la mano y si, allí estaba rodeando su dedo anular como si alguien hubiera dibujado una ancha línea negra. Tenia gracia, pensó sarcásticamente, recordaba haberlo limpiado por enésima vez el sábado, no tenia sentido que se oscureciese en tan poco tiempo. Todo se volvía del revés hasta el anillo que compartía con Ana. Empezaba a estar harta del anillo en cuestión. Bueno en todo caso ya lo mismo daba.

Se levantó cuando Yolanda salía ya del baño todavía con el pelo mojado. Pasó a su lado sin mirarla, se duchó y volvió a la habitación donde Yolanda la esperaba todavía envuelta en la toalla.

  • - No te vistes, te advierto que la habitación hay que dejarla antes de las doce, le dijo mientras se vestía.
  • - Ya, no tengo prisa.
  • - Si quieres te acerco en el coche a algún sitio, dijo Esther un poco culpable con la situación.
  • - Esther, ¿de veras no quieres que nos volvamos a ver?
  • - Ahora mismo... no lo se. Lo siento, necesito tiempo para asimilar la situación. Tengo que hablar con alguien que... ha sido muy importante para mi pero que no me perdonará jamás lo que le he hecho.
  • - ¿Lo dices por mí? No creo que yo haya sido tu primer desliz, dijo Yolanda dolida.
  • - No, desde luego, era algo que se veía venir, no es un reproche, solo la realidad de una situación, no es culpa tuya solo mía. Bueno, me voy.
  • - Espera dame al menos tu teléfono o algo, a mí si me gustaría volver a saber de tí.

Después de dudar unos segundos Esther se lo dio, y depositando  un rápido beso en la mejilla de Yolanda, salio de la habitación.

Sola, en medio de la habitación, medio desnuda, solo cubierta con la toalla, Yolanda se sintió mas perdida que nunca, algo en su interior le decía que probablemente no volvería a ver a Esther.....

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09/06/2007

EL ANILLO (18)

 Yolanda sintió que ese "espera" era como una promesa, una promesa del placer que se acercaba y se dejo llevar por Esther quien situándose a su espalda empezó a recorrer su joven cuerpo acariándola  a la par que le iba despojando beso a beso de la ropa hasta dejarla totalmente desnuda en el centro de la habitación.

Ahora Yolanda era que la estaba insegura, nerviosa intentaba mirar a su alrededor y no veía nada aunque sentía la presencia cerca de Esther.

  • - Esther, por favor, termino susurrando
  • - Espera, no temas, estoy aquí, oyó decir a Esther.

En ese mismo instante notó que Esther también se había desnudado y sintió la calidez de su cuerpo pegado al suyo, sentía cada centímetro de su piel  y de su contorno, los brazos de Esther rodeando su cuerpo, sus manos posadas sobre sus jóvenes senos.

A partir de ese momento todo fue un caos, una locura, Yolanda sentía a Esther por todos los lados, se había multiplicado era como si no fuera una sola persona, notaba sus manos, su aliento, su boca. Tenia cada milímetro de su piel tan sensibilizado que cualquier punto de su anatomía era independiente, todos sus sentidos estaban agudizados de  forma independiente, olía a Esther y a ella misma, degustaba su sabor, oía sus respiraciones entrecortas, sus manos intentaban tocar, alcanzar al Esther, sujetarla sin lograrlo plenamente. Jamás había tenido mas de un orgasmo en un mismo encuentro, y ahora notaba que no podía parar, las rodillas le temblaron de tal manera que si no fuera porque Esther la   sujetaba, se habría desplomado al suelo.

Al final de la madrugada terminaron ambas atravesadas en la cama, cubiertas por la colcha de la cama que Esther había logrado echar por encima de ambas en algún momento de la noche.

Abrió los ojos, notó un foco de luz pegándole en la cara. Al principio solo vio una maraña de pelo en la almohada, sentía el cuerpo de Yolanda de espaldas todavía pegado al suyo, oía su suave respiración y su aliento le calentaba el brazo con el que la sujetaba. Se sonrió recordando lo sucedido, ¿ahora quien era la poseedora y quien la poseída?. Ya no volvería a jugar con ella, se prometió.

Con cuidado intentó girarse para no despertar de momento a Yolanda, tenia que pensar que iba hacer y que iba a decir a Ana... Ana, pobre Ana.... no se había portado bien con ella, pensó, tenia que haberle sido sincera y haber hablado de sus sentimientos desde el principio, ahora se encontraba en una especie de laberinto del que no sabia como salir. Las cosas ya no serian igual a partir de ahora, no podrían serlo.

Miró su reloj,

  • - Uff, las 8 de la mañana, dijo en voz alta,
  • - Yolanda, llamó, despierta nena, tengo que irme.
  • - Ehh, ah sí, ya voy, dijo Yolanda incorporarse. Voy a ducharme, ¿vienes?
  • - No, ve tú, luego iré yo.
  • - ¿Otra vez con remordimientos?, le preguntó Yolanda burlona.
  • - No, simplemente, que prefiero ducharme sola, zanjó Esther.

Yolanda salió de la habitación y Esther con los brazos cruzados sobre la frente, y los ojos semicerrados, no quería ceder a las exigencias de Yolanda, eso se había terminado, ¿o no?....

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08/06/2007

EL ANILLO (17)

 

Salieron del local nuevamente hacia el hostal más cercano, sin mirar cual era, ya no le importaba nada el alto precio de la habitación, nada tenia un sentido lógico en ese momento para Esther, se le había borrado de la mente cualquier idea de sensatez.

El recepcionista nocturno, un hombre maduro,  calvo y regordete, y a simple vista gay, vestido con un suéter ajustado que pretendía resaltar sus músculos pero que en realidad le daba un aire de viejo gnomo y un pantalón de cuero negro desfasado de su edad, miró de reojo a Yolanda, pareció dudar un segundo y luego devolviendo el carnet de identidad a Esther, se encogió de hombros y le entregó una llave, la 203, diciendo, "segundo piso a la derecha".

Subieron con las manos entrelazadas, mirándose de reojo según ascendían. Al llegar al segundo piso, torcieron a la derecha y allí estaba la puerta de la habitación 203. Esther abrió la  puerta y penetraron en la estancia a oscuras, se quedaron quietas, mas que mirándose adivinándose en la oscuridad de la habitación, en silencio, solo acompañadas del sonido de sus propias respiraciones.

Los brazos de Esther rodearon la cintura de Yolanda atrayéndola y sus manos buscaron primero los hombros, luego subiendo recorrieron el rostro de Yolanda, pasando las yemas de sus dedos por su contorno, como si estuviera ciega y quisiera dejar impreso su recuerdo en ellos. Primero los ojos, que Yolanda tenia  cerrados intentando que aquel momento que no se le escapase por esas ventanas; luego la suave curva de la nariz; la calidez de los labios entreabiertos, esperando, anhelando otros roces mas atrevidos,  pero disfrutando de ese único e irrepetible instante.

Esther con bajó la cabeza y los besó, primero en la comisura, al principio despacio, intentando que ese momento mágico con todo a su alrededor en silencio y totalmente a oscuras, durase una eternidad, Yolanda intentó contestar con la misma calma pero le fue imposible, quería mas, necesitaba sentir la locura de Esther, su deseo, su triunfo sobre ella. Le mordió los labios a la par que intentaba quitarle la camiseta, pero Esther cogiéndola de las muñecas firmemente, le susurro "espera"....

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05/06/2007

EL ANILLO (16)

 

Se acercó intentando hacerse un sitio para ver que era el objeto de curiosidad genial, y sintió que se le secaba la boca cuando divisó a Yolanda en medio de un circulo humano que jadeaba una especie de streptis,  con la blusa caída a su lado en el suelo, y moviéndose al son de la música pugnando en ese momento en desabrocharse el minúsculo sujetador. Esther notó que las mejillas le ardían que los ojos se le llenaban de lagrimas de rabia. Se acercó en dos zancadas a Yolanda y cogiendo la blusa caída intentó colocársela encima de hombros,

  • - Venga, vístete,
  • - No, no quiero.
  • - Déjala, gritaba alguna garganta femenina a la que ya se notaba con una copa de más, mientras grandes risotadas resonaban en la cabeza de Eshter. ¡¡¡no seas aguafiestas!!!
  • - ¡¡¡que te vistas!!!.
  • - ¡¿Porqué? que yo sepa tu no quieres ya nada conmigo!, le gritó a la cara Yolanda.

Yolanda miró la cara de Esther y algo especial debió de notar porque procedió a ponerse de nuevo la blusa. Esther sujetándola del brazo casi la arrastró fuera de la pista de baile. Llevándola casi en volandas, llegaron a uno de los extremos del local, Esther la soltó de golpe y se quedó mirándola con una mezcla de furia, rabia y deseo. Los grandes ojos de Yolanda la miraban desafiantes mientras se abrochaba la blusa.

  • - Bueno, ¿me llevas contigo o qué?, le susurró Yolanda.

El sonido de la voz de Yolanda, derribó de golpe los sentimientos de rabia de Esther y solo quedó su deseo, un deseo insano por volver a tener nuevamente entre sus brazos a esa mujer, besar su boca hasta casi romperla y no separar su cuerpo jamás del suyo.

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03/06/2007

EL ANILLO (15)

 Cuando Esther quiso darse cuenta, había pasado casi una hora, y ahí estaban las dos, semi desnudas, abrazadas todavía, intentando recuperar el aliento. Esther, ya recobrada del instinto depredador que en los ultimas horas la había dominado, notaba como el deseo que había sentido hacia Yolanda, se había desvanecido como si nunca hubiera existido. ahora ya solo quedaban sus cuerpos abrazados y se notaba el frió de la noche penetrando dentro del coche.

  • - deberíamos irnos, Yolanda.
  • - ¿no vamos al hostal?
  • - no, ¿para que? al final ya hemos hecho aquí lo que pensamos hacer allí.
  • - pero, es pronto todavía ¿no? no son ni las 4 de la mañana.
  • - ¡¡las 4!!. me tengo que ir, lo siento, Yolanda. arréglate un poco la ropa y te acerco a tu casa.
  • - no, deja, no hace falta, ya me quedo y entro de nuevo.
  • - ¿cómo que vas a entrar de nuevo?
  • - ¡¡¡oye, que tu tengas prisa o remordimientos o lo que sea, no es problema mío!!!
  • - pero... creí que...
  • - pues no creas, si tu no quieres otra querrá, no te debo nada.
  • - vale, pues vete.

Inclinándose sobre Yolanda,  Esther pasó el brazo para abrir la puerta del coche.

Yolanda, despechada, se arregló la ropa, y salió del coche dando un portazo, acto seguido se dirigió de nuevo al local y el portero que la reconoció, le facilitó la entrada con una sonrisa.

"No me lo puedo creer", pensó Esther, "¿ha entrado de nuevo en la discoteca después de...?". Ahora estaba enfadada, muy enfadada. Salió también del coche dando un fuerte golpe y sin pensar en lo que hacia entró en le local.  Al principio no divisó a Yolanda, miró de un lado para otro pero el local se había llenado hasta los topes, casi era imposible que pudiera caber mas gente.

De pronto notó un pequeño barullo a un lado de la pista de baile y por inercia se dirigió hacia allí preguntándose que era lo que pasaba y porqué la gente se arremolinaba mirando no sabia el qué.

 

Cuando Esther quiso darse cuenta, había pasado casi una hora, y ahí estaban las dos, semi desnudas, abrazadas todavía, intentando recuperar el aliento. Esther, ya recobrada del instinto depredador que en los ultimas horas la había dominado, notaba como el deseo que había sentido hacia Yolanda, se había desvanecido como si nunca hubiera existido. ahora ya solo quedaban sus cuerpos abrazados y se notaba el frió de la noche penetrando dentro del coche.

  • - Deríamos irnos, Yolanda.
  • - ¿No vamos al hostal?
  • - No, ¿para que? al final ya hemos hecho aquí lo que pensamos hacer allí.
  • - Pero, es pronto todavía ¿no? no son ni las 4 de la mañana.
  • - ¡¡Las 4!!. me tengo que ir, lo siento, Yolanda. arréglate un poco la ropa y te acerco a tu casa.
  • - No, deja, no hace falta, ya me quedo y entro de nuevo.
  • - ¿Cómo que vas a entrar de nuevo?
  • - ¡¡¡Oye, que tu tengas prisa o remordimientos o lo que sea, no es problema mío!!!
  • - Pero... creí que...
  • - Pues no creas, si tu no quieres otra querrá, no te debo nada.
  • - Vale, pues vete.

Inclinándose sobre Yolanda,  Esther pasó el brazo para abrir la puerta del coche. Yolanda, despechada, se arregló la ropa, y salió del coche dando un portazo, acto seguido se dirigió de nuevo al local y el portero que la reconoció, le facilitó la entrada con una sonrisa.

"No me lo puedo creer", pensó Esther, "¿ha entrado de nuevo en la discoteca después de...?". Ahora estaba enfadada, muy enfadada. Salió también del coche dando un fuerte golpe y sin pensar en lo que hacia entró en le local.  Al principio no divisó a Yolanda, miró de un lado para otro pero el local se había llenado hasta los topes, casi era imposible que pudiera caber mas gente.

De pronto notó un pequeño barullo a un lado de la pista de baile y por inercia se dirigió hacia allí preguntándose que era lo que pasaba y porqué la gente se arremolinaba mirando no sabia el qué....

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01/06/2007

EL ANILLO (14)

 

A la salida del local el frío de la noche hizo despertar a Esther. Miró a Yolanda que tenia unos ojos brillantes como nunca había visto, y la boca enrojecida por los besos dados. Sabia que era tarde y que si no quería que Ana se percatara de que pasaba algo extraño tendría que irse inmediatamente, además su cabeza le estaba diciendo que Yolanda no era como las otras mujeres que había conocido, y cuyo recuerdo ya se había difuminado totalmente de su cabeza. Sentía que si seguía esa  noche adelante su vida se podría complicar de manera muy especial especial. Sí, todo eso razonaba la mente de Esther pero, su cuerpo y su corazón no seguían de la misma forma el pensamiento y máxime si Yolanda se pegaba a ella y la besaba en la boca como de nuevo estaba sucediendo.

- Yolanda, ¿Dónde vamos?, consiguió decir.

-  No se, donde digas, pero quiero estar contigo y creo que tú también.

- Si, si que quiero, dijo Esther mirándola fijamente e  intentando pensar a gran velocidad a través de la poca racionalidad que ahora le quedaba.

- Vamos al coche, se de una pequeña pensión cerca donde no nos pondrán pegas.

Esther tenía aparcado su pequeño utilitario cerca, un Citroen C2, azul metalizado. Abrió las puertas con el mando a distancia y entraron el coche. Sentadas las dos mirando al frente cada una perdida en sus pensamientos, ninguna de las dos hacia movimiento alguno como si temieran romper el hechizo de la noche.

Yolanda volvió su rostro hacia Esther y esta hizo lo mismo, quedándose con las miradas prendidas por un instante, un instante mínimo porque al unísono las dos volvieron a besarse como si el fin de mundo se hubiera anunciado. Yolanda no pudo mas y se subió a horcajadas sobre las piernas de Esther, besándola mas profundamente y colando la cabeza de ésta sobre sus jóvenes senos. Esther aspiró el calor y el olor de Yolanda, "Se que voy a tener que pagar un precio muy caro por esta noche, pero... no puedo, ni quiero resistirme". Totalmente inconsciente acarició los pechos de Yolanda que habían quedado ya al descubierto y sintió como se endurecían al contacto con su boca, a partir de ese momento, perdió totalmente el control de la situación...

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