EL ANILLO (23)
La sorpresa fue mayúscula cuando al ponerse delante de la mesa se encontró con Yolanda.
- - ¡Yolanda que haces aquí!
- - Pues ya ves, cenar. Jajajaja, Esther no pongas esa cara, yo de vez en cuando también me se arreglar para la ocasión. Además al fin y al cabo iba a venir a buscarte ¿recuerdas? Así que me he dicho ¿Por qué no aprovechar y cenar?
- - Yolanda me pones en un compromiso, esta mesa no me corresponde a mi.
- - Bueno que yo sepa esto es un restaurante y yo deseo cenar, ¿tienes algún problema con eso también?
Esther no tuvo mas remedio que echarse a reír, porque lo cierto es que ver a Yolanda así vestida, de mujer seria y formal, frunciendo sus bonitas cejas y con un mohín de enfado en su boca, era un placer para los ojos de cualquiera, la verdad.
- - Jajaja, vale, tienes razón, pero te tendrá que servir, mi compañera Lucia.
- - Bien pero recuerda que luego hemos quedado,
- - Si, lo recuerdo, pero habíamos quedado a partir de las 12, y ahora no puedo atenderte.
- - Pues cenaré sola, no pasa nada.
- - Vale, dijo Esther, dándose la vuelta y volviéndose a atender sus propias mesas.
La noche fue transcurriendo con relativa normalidad, porque Esther no hacia mas que mirar en dirección a la mesa de Yolanda que, como si la cosa no fuera con ella, cenó con tranquilidad y con apetito, según pudo comprobar Esther.
El pequeño Restaurante, era acogedor, pensó Yolanda recorriendo el local con la mirada. Las paredes pintadas con un estucado color melocotón, y los múltiples cuadros colgados a su alrededor conteniendo fotos viradas en sepia con imágenes de figuras antiguas en distintas poses, le daban un toque de complicidad y cercanía. Las mesas estaban vestidas con manteles blancos impolutos, en el centro de los cuales se habían colocados velas encendidas protegidas por unas campas de cristal. La clientela que acudía allí era gente joven, parejas de enamorados, algún grupo celebrando un cumpleaños. Era un buen lugar para estar y hablar relajadamente.
Al final la jornada se terminó y Esther se quito el uniforme negro que llevaba y se vistió de calle, para ir en busca de Yolanda que ya la esperaba tomándose un segundo café.
- - ¿Nos vamos?
- - ¿Ya has terminado con todos tus deberes laborales?, le dijo Yolanda con retintín.
- - Si, ya he terminado, le contestó con cansancio.
Yolanda se levantó y ambas se dispusieron a salir, cuando de pronto David, dijo.
- - Ah, por cierto Esther, esta tarde ha venido tu chica y te ha dejado esta carta, perdona pero con el jaleo que hemos tenido se me había olvidado dartela.
- - ¿Cómo dices David?
- - Que esta tarde antes de que tú llegaras Ana ha venido por aquí y me ha dado este sobre para ti. ¿Qué pasa, estáis de morros?, jajajaj.
- - David no me hace ninguna gracia, ya te podías haber acordado, ¡anda que si fuera algo urgente...!
- - Lo siento, se me había pasado por completo, dijo David compungido ante la palidez de la cara de Esther.



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