Llegó a la estación por los pelos, solo le dio tiempo de comprar unos pocos de artículos de higiene básicos, una muda y una bolsa de viaje donde meterlo todo. Ya sentada en el Ave, se relajo y cerró los ojos intentado dormir. ¡dormir! Hacia tiempo que no conseguía dormir sin sobresaltos, no era fácil conciliar el sueño sintiéndose tan culpable. Miraba por la ventana del vagón viendo pasar en sentido contrario las imágenes, como retrocediendo en el tiempo y dejo vagar su mente recordando lo sucedido con Yolanda unos momentos antes. ¡¡¡Como olvidarse de ella!!!, en su presencia perdía de vista todo, no era dueña de ella misma. Aunque le costara aceptarlo se había enamorado como una adolescente de ella, la intensidad de esos pocos momentos pasados a su lado había descolocado todo su mundo, pero esa situación no podía seguir. Si Ana estaba dispuesta a retomar su relación ella no iba a perder esa oportunidad.
¿Qué va a pasará ahora?, ¿Cómo estará Ana?, si me ha mandado el billete será porque me quiere ver, pensaba, además es significativo que me quiera ver en Córdoba. ¡ay, pero ahora que caigo en Córdoba pero en donde?. ¿Dónde?, me imagino que en el hostal aquel de la primera vez... ¡que felices fuimos en aquel instante!, cuantas esperanzas, cuántas promesas, cuantos deseos... y todo eso roto en un instante, pensó mientras sus labios esgrimían una amaga sonrisa.
Casi sin darse cuenta habían ido pasando los minutos y al final se había quedado dormida. Se despertó sobresaltada al oír una voz metalizada anunciando la llegada del tren a Córdoba, se le había pasado el tiempo volando, no se había dado cuenta de lo cansada que estaba. Cogió su bolsa, se caló las gafas de sol y se dispuso a bajar a anden.
Solo pudo dar unos cuantos pasos porque en medio del andén estaba Ana, esperándola, con sus grandes ojos tremendamente abiertos y anegados de lágrimas, mirando expectante hacia las puestas del tren, buscándola. Esther se quedó parada, no esperaba encontrarse con ella tan de repente.
La gente que salía del vagón la iba adelantando y dando empujones, porque se había quedado como una estatua de sal en medio del anden, pero ella no se movía, solo miraba hacia donde estaba Ana, al final arranco despacio, y se quedó tan cerca de ella que sus cuerpos casi se rozaban, sus miradas estuvieron prendidas un solo instante pero a ellas les pareció una eternidad, al final fue Ana la que rompió el hechizo del momento y pasando sus brazos por el cuello de Esther le dio un largo e intenso beso. Daba lo mismo donde estuviera, y que la gente murmurara a su alrededor, Esther no tenia la intención de separarse de Ana ni por todas las miradas del mundo, ya podían mirar y decir los demás lo que quisieran, solo pudo murmurar
- perdóname Ana, por favor,
- Ya te he perdonado Esther y no pensaba dejarte marchar sin luchar, dijo sonriendo.
THE END



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