12/07/2007

 

Llegó a la estación por los pelos, solo le dio tiempo de comprar unos pocos de artículos de higiene básicos, una muda y una bolsa de viaje  donde meterlo todo. Ya sentada en el Ave, se relajo y cerró los ojos intentado dormir. ¡dormir! Hacia tiempo que no conseguía dormir sin sobresaltos, no era fácil conciliar el sueño sintiéndose tan culpable. Miraba por la ventana del vagón viendo pasar en sentido contrario las imágenes, como retrocediendo en el tiempo y dejo vagar su mente recordando lo sucedido con Yolanda unos momentos antes. ¡¡¡Como olvidarse de ella!!!, en su presencia perdía de vista todo, no era dueña de ella misma. Aunque le costara aceptarlo se había enamorado como una adolescente de ella, la intensidad de esos pocos momentos pasados a su lado había descolocado todo su mundo, pero  esa situación no podía seguir. Si Ana estaba dispuesta a retomar su relación  ella no iba a perder esa oportunidad.

¿Qué va a pasará ahora?,  ¿Cómo estará Ana?, si me ha mandado el billete será porque me quiere ver, pensaba, además es significativo que me quiera ver en Córdoba. ¡ay, pero ahora que caigo en Córdoba pero en donde?. ¿Dónde?,   me imagino que en el hostal aquel de la primera vez... ¡que felices fuimos en aquel instante!, cuantas esperanzas, cuántas promesas, cuantos deseos... y todo eso roto en un instante, pensó mientras sus labios esgrimían una amaga sonrisa.

Casi sin darse cuenta habían ido pasando los minutos y al final se había quedado dormida. Se despertó sobresaltada al oír una  voz    metalizada anunciando la llegada del tren a Córdoba, se le había pasado el tiempo volando, no se había dado cuenta de lo cansada que estaba. Cogió su bolsa, se caló las gafas de sol y se dispuso a bajar a anden.

Solo pudo dar unos cuantos pasos porque en medio del andén estaba Ana, esperándola, con sus grandes ojos  tremendamente abiertos  y anegados de lágrimas, mirando expectante hacia las puestas del tren, buscándola. Esther se quedó parada, no esperaba encontrarse con ella tan de repente.

La gente que salía del vagón la iba adelantando y dando empujones, porque se había quedado como una estatua de sal en medio del anden, pero ella no se movía, solo miraba hacia donde estaba Ana, al final arranco despacio, y se quedó tan cerca de ella que sus cuerpos casi se rozaban,   sus miradas estuvieron prendidas un solo instante pero a ellas les pareció una eternidad, al final fue Ana la que rompió el hechizo del momento y pasando sus brazos por el cuello de Esther le dio un largo e intenso beso. Daba lo mismo donde estuviera, y que la gente murmurara a su alrededor, Esther no tenia la intención de separarse de Ana ni por todas las miradas del mundo, ya podían mirar y decir los demás lo que quisieran, solo pudo murmurar

- perdóname Ana, por favor,

-  Ya te he perdonado Esther y no pensaba dejarte marchar sin luchar, dijo sonriendo.

THE END

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10/07/2007

EL ANILLO (27)

 
  • - Vete, pero si ella sigue sin querer a tu lado, recuerda que yo te estaré esperando Esther, ¿me lo prometes?
  • - Si, te lo prometo.

Yolanda, tenia los ojos brillantes, las lagrimas le surcaban las mejillas y no hacia nada por secárselas. Esther la miraba y sentía que su firme decisión de salir de allí cada vez era menos firme, se acercó a Yolanda y le paso la mano por la cara intentando limpiarle las lágrimas. Yolanda le sujeto la mano y se la apretó contra su cara, intentaba pensar rápidamente la manera de que Esther no se fuera, en su interior sentía que si salía por la puerta le iba a ser imposible volver a recuperarla. Se acercó mas a Esther pegando su cuerpo al de ella, y posó sus labios sobre los de Esther.

  • - ¡Que calidez!, pensó Esther, como puede alguien en su sano juicio rechazar a una mujer así, pero yo no estoy cuerda, hacer días que he perdido la razón.

Ya no podía seguir pensando, solo sentir, sentir que el corazón le latía salvajemente, que las rodillas le temblaban como si fuera una niña de 20 años, ¡¡¡hacia tanto que no tenia esas sensaciones!!!, ya no sabia si era realmente amor o simple deseo, pero fuera lo que fuera, la estaba volviendo loca. Devolvió el beso a Yolanda con pasión, sus manos se introdujeron a través de la abertura del albornoz, palpando su piel, tocando sus senos, sintiendo la dureza de sus pezones clavada en el centro de las mismas, sintiendo toda la vida de ese cuerpo en la palma de las manos. Notaba como Yolanda la estaba conduciendo, poco a poco hacia la cama, y no era capaz de resistirse.

Al sentir el borde de la cama Yolanda se dejo caer arrastrando a Esther sobre ella. RAS. Se oyó en el silencio de la habitación, fue un crujido seco que sacó a Esther de ese sueño hipnótico. El sobre de Ana,  que llevaba en el bolsillo había sonado como un disparo cuando ambos cuerpos se había juntado. Ese sonido la paralizó, se medio levantó separándose de Yolanda, y sin decir una sola palabra mas, salió de la casa, andando como una autómata y ahora la que lloraba era ella, lloraba de pena, pena infinita porque de nuevo había caído, lloraba de rabia porque seguía deseando a Yolanda con cada fibra de su cuerpo, lloraba de desolación porque se daba cuenta de que nunca mas volvería a sentir de esa manera.

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05/07/2007

EL ANILLO (26)

 

Esther la miró y vio a una mujer preciosa, con un albornoz blanco que se ajustaba a su cintura y pensó ¿porque es todo tan difícil? En otro momento, en otro lugar, en otra ocasión podría haber sido feliz junto a Yolanda.... Lo tenia todo, era guapa, despierta, inteligente, simpática, provocativa.... Pero, era demasiado joven para ella, se dijo suspirando.

Cogió el sobre de manos de Yolanda y tras un titubeo, se dispuso a sacar su contenido, pero.... solo había un billete de tren, con destino a Córdoba, para el 6 de marzo a las 15.30, pero ¡¡¡¡ si el 6 de marzo era hoy!!!,

  • - ¡Yolanda, que hora es!, casi gritó.
  • - La 12,20, pero ¿Por qué?
  • - Me tengo que ir, ¿donde esta mi ropa? Me tengo que ir tengo el tiempo justo.
  • - Pero,,, ¡el tiempo justo para que, Esther?, ¿para salir corriendo tras de ella?, recuerda que te ha echado de casa como un perro.
  • - No digas eso, la culpa ha sido mía, todo ha sido culpa mía, dijo sentándose derrotada en la cama.
  • - Esther ¡mírame!, dijo Yolanda, acogiéndole la cara para que la prestara atención. ¡mírame!, repitió. ¿estas segura que quieres irte? Ni siquiera sabes si ella te va a perdonar. Además ella es el  pasado, si has estado saliendo con otras es porque tu querida novia no te comprendía, eso lo has dicho tu.
  • - No, Yolanda, es culpa mía, no he sabido hablar con ella y decirle lo que sentía, me atraía mas la aventura que intentar arreglar nuestra relación.
  • - Pero Esther, yo te gusto, lo sé, no me niegues lo que yo ya he notado, y no, no te engañes, no es solo sexo y tú lo sabes.
  • - ES posible, no te digo que no, pero no quiero terminar con Ana, ha sido la mujer de mi vida y tengo que intentarlo de nuevo.
  • - Esther, Esther, inténtalo conmigo, dame una oportunidad ¿Por qué no puede ser? ¿Por qué no intentarlo?
  • - Porque se lo debo, porque me lo debo. No lo puedes entender, tú no has vivido lo suficiente para entender lo que es amar a una persona, de verdad, no solo con pasión, sino con algo mas. Espero que algún día encuentres a alguien así, de verdad que lo deseo.
  • - Esther quédate, se tu esa persona.
  • - Yolanda, yo ya te quiero y ese es mi problema que os quiero a las dos. Ya se que es tonto, que es casi imposible enamorarse tan rápido de una persona,  pero ha sucedido, y.. ahora no he hecho más que complicar las cosas. Dijo entre sollozos.
  • - Esther, si me quieres como dices quédate, le dijo cubriéndole la cara de besos, quédate, quédate, yo te haré mas feliz que ella.
  • - Yolanda, tu puedes hacer feliz a cualquier otra mujer, eres perfecta, es fácil enamorarse de alguien como tu. Pero tú eres el futuro y yo ya estoy en el pasado. Lo siento, de veras que siento haberte hecho perder el tiempo, pero me tengo que ir, mi tren se va.

(Vaya una pastelada rosa que me ha salido.... ¡¡¡si es que me teneis presionada, jodias!!!!)

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EL ANILLO (25)

 

Le había costado un triunfo subir hasta el cuarto piso donde tenia la pequeña buhardilla su hermana. Otra batalla fue quitarle la ropa a Esther que no hacia nada por ayudarla. Al fin consiguió meterla entre las sabanas. Apagó la luz de la estancia, se desnudó y se metió también en la cama. Oía la pesada respiración de Esther a su lado. La notaba tan cerca y tan lejos a la vez. Si, era joven, pero no por eso no sentía la necesidad de tener alguien que la quisiera, que la cuidara, y Esther era especial, lo notaba.

En  los últimos dos años  había tenido otras relaciones, normalmente con chicas de su edad que solo buscaban el contacto del momento, lo mismo que ella para qué engañarse. Pero con Esther se sentía de otra manera, notaba que podia ser su persona especial y estaba dispuesta a hacer lo que fuera por retenerla a su lado. Si no era buena para su novia para ella era perfecta, se dijo a si misma mientras se acurrucaba como una niña pequeña entre los brazos de Esther. No, no la iba dejar escapar tan fácilmente, pensó mientras se dormía.

Uhmmm, olía a café, necesitaba un café. Un café y un tubo de aspirinas, ¡¡¡joder, como me duele la cabeza!!!. No podía casi ni despegar los parpados. Al final consiguió levantar a cabeza y mirar a su alrededor, ¿Dónde coño estaba?. No se acordaba de nada, o casi de nada, solo recordaba haber visto a Yolanda, a David dándole un sobre de parte de Ana... ¡¡¡El sobre!!! ¿Dónde lo había puesto? Se levantó como un resorte de la cama, tan deprisa que se sintió mareada y se tuvo que sujetar al cabecero de la cama. ¡¡¡que resacon!!! Logró balbucear.

El sobre, ¿donde había puesto el sobre?. Se dijo buscando con la vista su ropa. Ah, ya la veía pulcramente colocada sobre la silla que estaba cerca de la cama. En ese momento vio a Yolanda que traía una bandeja con café y algo que parecía tostadas, y de pronto se dio cuenta del hambre que tenia.

  • - Hola dormilona, ¿ya estas despierta?.
  • - Si, logró que su lengua articulara ese monosílabo medio inteligible.
  • - Oye, ¿sabes que estas muy atractiva así, solo con esas braguitas?, la dijo con sorna,
  • - Mgrrrrr
  • - Vale, toma un poco de café y luego intenta hablar, será lo mejor, dijo sentándose en la cama y dejando la bandeja encima de las sabanas. ¿Vas a quedarte así todo el día, Esther?.
  • - No, pero tengo que coger un sobre que llevaba en el bolsillo de la chaqueta y que ahora no encuentro.
  • - Ah, el sobre. ¿este sobre?, dijo mostrándosele
  • - ¿Quién te ha dicho que podías registrarme?. Eso es privado, no te incumbe.
  • - Solo lo he recogido porque anoche se cayó al suelo, no hace falta que te pongas así.

Esther casi arrancó el sobre de la mano de Yolanda, y una vez en su poder se dispuso a abrirlo, pero sus dedos no respondían  a su orden mental, no conseguía abrirlo. Yolanda levantándose se lo volvió a quitar y con un rápido movimiento el sobre quedo abierto.

Posted by darkles at 00:01:26 | Permanent Link | Comments (5) |

03/07/2007

EL ANILLO (24)

 

David se fue dejándola a solas, Esther no sabia que hacer,  tenia el sobre en la mano derecha, lo sujetaba con fuerza como si se tratase de un pajarillo que en cualquier momento pudiera echarse a volar. Miraba delante suyo, con la mirada fijada en un punto indeterminado del horizonte.

  • - ¿Que pasa, Esther? ¿Nos vamos ya? Oyó preguntar detrás suyo a Yolanda.
  • - Sí, vámonos, dijo como una autómata.
  • - ¿Qué es ese sobre, Esther? ¿Por qué no lo abres?
  • - No es nada, no creo que sea nada, me imagino que el finiquito de mi vida.
  • - ¿el quéee?.
  • - Nada, venga vamos a tomar una copa, lo necesito. dijo Esther metiéndose el sobre en el bolsillo de la chaqueta de cuero.

Salieron al frío de la noche, y se dirigieron a la Plaza de Chueca. Esther llevó a Yolanda por cada uno de los bares de la Zona. Esther pedía una copa tras otra, bebía y no hablaba, Yolanda la tenia cogida de la mano y no la soltaba, no le gusta nada la expresión que tenia Esther en la cara. De vez en cuando le sujetaba la cara con  las dos manos y depositaba un suave, lento y húmedo beso en su boca, esperando que reaccionara, pero no había respuesta. Los labios de Esther sabían dulces, pero estaban fríos, muertos.

Eran casi las 3,30 de la madrugada cuando salieron de un pequeño local lleno de humo, en la calle San Bartolomé, el SMOKE. Yolanda tenia cogida por la cintura a Eshter que se dejaba llevar como una niña. Andaba dando tumbos, al final el alcohol había hecho su efecto, estaba mareada y ya no oía sus pensamientos, esos pensamientos que martilleaban una y otra vez las mismas frases.... "lee la carta de Ana, no seas cobarde". "Saca el sobre, lee lo que te escupe Ana", "Atrévete a leer lo que te dice Ana"..... ¡¡¡Dios, como le dolía la cabeza!!!, casi no veía, notaba la presencia de alguien, alguien, ¿Quién era? Ni siquiera lograba enfocar la vista para distinguir ese rostro que le miraba y le decía... ¿Qué le estaba diciendo?. Al final alguna frase suelta logro colarse en su cebero:

  • - Vamos, dame la llaves del coche no estas para conducir.
  • - ¿Eh?
  • - Esther, mírame, donde has metido las llaves del coche.
  • - Aquí, consiguió articular Esther intentando meterse la mano en el bolsillo del vaquero.
  • - Deja ya la cojo yo. Vale, ya las tengo, venga, apóyate en mi y vamos hacia el coche, Esther.

Llegaron al coche, y Yolanda logró acomodar a Esther en el asiento del copiloto. "Vaya papelón", pensó sentándose al volante, no era esta la noche que yo tenia pensada. Había soñado con otro tipo de velada, no en balde su hermana le dejaba libre esa noche su apartamento, yéndose a casa de su Luis, su novio. Se había arreglado con esmero, pero ahora mirando de reojo a Esther pensaba que para qué. Bueno, mejor seria acostar a Esther y ya se encargaría ella de que el día terminada de otra manera.... O empezara, se dijo a sí misma sonriendo y arrancando el coche en dirección a la calle Silva.

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