26/09/2007

DOS VIDAS (7)

 

Sueño, sueño que sigo con ella, que nada ha pasado y que todo sigue igual. Sueño, sueño que sigo viendo a Marta dormida como siempre en el sofá de casa horas enteras. Sueño que sueño que me traslado de nuevo al pequeño estudio de Carol, y veo aquel baúl convertido en mesa de comedor por obra y gracia de una simple puerta puesta sobre él. Sueño, sueño que todo gira de nuevo entorno a aquel mantel blanco y a la botella de agua mineral con una simple rosa roja dentro de ella. Sueño, sueño que me veo de nuevo mirando los labios de Carol con mas hambre que al plato de pasta que me había puesto delante, y sueño  mi propia derrota, mi claudicación cuando acerca su rostro hacia mi y el silencio transformado en el sonido de la voz de Edif. Piaf de fondo cantando "la vie en rose" nos rodea. Sueño, sueño en los segundos transformados en una eternidad en que su mirada se queda prendida de mi mirada. Sueño que tengo de nuevo su boca en la mía, mis manos en su cuerpo, su fresco aliento volando dentro de mi... sueño, sueño que sueño...

Pero yo se muy bien que no fue un sueño, no, atesoro celosamente esos momentos y el resto de los robados instantes pasados en su compañía como si de un tesoro de tratase. Solo me queda eso, los momentos, los momentos pasados a su lado, y los sueños.

Marta me esta hablando, solo oigo el sonido de su voz y pronto dejo de prestar atención, ya soy una experta en evadirme, la miro sin verla porque su imagen se interpone delante de mis ojos,

  • - Pat ¿me estas escuchando?
  • - Claro, Marta, por supuesto.
  • - Entonces,¿ salimos esta noche por Chueca?
  • - ¿A Chueca? No, demasiada gente últimamente, mejor nos quedamos en casa, ¿no te parece?.
  • - Pero Pat, hace un lustro que no salimos, ¿que te pasa?
  • - Nada, solo que estamos mejor aquí ¿no?, además parece que tienes cara de cansada.
  • - Bueno, pero luego no vengas quejándote.
  • - No, claro que no.

Marta me mira de soslayo, me imagino que estará pensando que algo me pasa pero, como a ella tampoco le entusiasma el "ambiente", noto que suelta un suspiro de alivio volviendo a sentarse en el sofá, se hace con el mando de la televisión y comienza el ritual de zapping de todas las noches.

Me imagino que piensa que se me ha pasado la fiebre por salir todos los fines de semana y que ya me he cansado del bullicio de los bares y discotecas. ¡¡Que lejos esta de imaginar que no quería salir por miedo de encontrarme a Carol!!.

Este sábado se ha repetido la comedia de todos los fines de semana pero, algo me ha empujado a decirle que sí, que vamos a salir, y yo se que ese algo es la curiosidad y el deseo de ver quien es la persona que ha logrado que Carol me olvidara. Curiosidad, deseo, envidia y la propia rabia de saber que ya hay otra persona en su vida, otra persona que le podrá dedicar las noches enteras y no solo unas pocas horas robadas a escondidas de mi otra vida. Otra persona que habrá ocupado mi sitio en su cama, que posará su cabeza donde yo posaba la mía para mirarnos intensamente entre encuentro y encuentro. Si, este sábado si que vamos a salir a divertirnos, ¿porqué no? Tal y como Marta y yo soliamos hacer hace tiempo. Total ¿qué posibilidad hay de encontrarse con alguien en el maremagnun de gente que puebla Chueca un fin de semana?

 

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21/09/2007

DOS VIDAS (6)

 

Y claro que lo sentía, cada día más, pero ya no había solución, ya había hecho desdichada a una mujer, no podía hacérselo a dos. Si Carol había encontrado otra persona para compartir su vida, justo era que la dejara en paz, y le deseara que fuera mas feliz que conmigo.

Después de ese primer encuentro, vieron otros, siempre con cualquier excusa, Carol me llamaba para tomar un café, o para saludarme, o porque hacia calor o porque había tenido una entrevista de trabajo especialmente difícil. Yo sabia que eran excusas para vernos, pero la verdad, ¡¡a quien le amarga un dulce!!, hacia mucho tiempo que nadie me escuchaba con la atención que lo hacia Carol, ni me mirada casi con adoración, era una sensación olvidada, ya ni me acordada  de la ultima vez que Marta me dirigió una palabra amable, últimamente todo eran reproches, me imagino que en el fondo la he defraudado a ella también.

Al principio las cosas con Marta fueron muy bien, demasiado pensé en más de una ocasión, pero tantos años también pasan factura y ya la relación había derivado en una costumbre y su amor y pasión se había ido convirtiendo con el paso de los años en una especie de amor maternal, y yo no necesita de otra madre, sino de una compañera, de alguien que quisiera luchar a mi lado, alguien que me quisiera como lo que habíamos sido, las dos mujeres mas enamoradas del mundo. Pero todo aquello se había terminado. Si, también he fracasado en esa faceta, así que a esas alturas de la vida poco mas me quedaba por experimentar.

Cada vez que veía reflejado en el display de móvil  el numero de Carol, el corazón comenzaba a latirme mas deprima, y me costaba contestar de forma coherente.  Hasta que llegó el día en que ya no me propuso tomar café en un Starbucks como de costumbre, sino que me invitó directamente a comer en su casa. ¿Qué hago? ¿voy?, ¿no voy? ¿se lo comento a Marta?. Pero, ¡como se lo voy a decir a Marta!, estoy tonta, pensaba, y ya me veía delante de Marta diciéndole "cariño hoy no me esperes a comer que un pivon de 25 años me ha invitado a comer en su casa". "No, no, de ninguna manera. Total no va a pasar nada, es una simple comida, además luego tengo que volver al Despacho, no va a pasar nada, yo soy una mujer hecha y  curtida, así que, nada, pongo una excusa y me voy a comer con ella."

Desde luego hay que ver la cantidad de tonterías que puede llegar una persona enamorada a decir. Porque, sí,  a esas alturas de la película yo ya me había dado cuenta que estaba colada por una niña  que podía ser, por qué no confesarlo, mí hija. "Pero yo controlo", pensé "no pasa nada, solo se trata de tener una rato de agradable conversación con una mujer bonita que ríe constantemente, y la que le interesa mi opinión".

El corazón es fácil de engañar, nos hace perder la cabeza y alejarnos del sentido común más elemental. Así que, sí que fui a comer con Carol, y claro que no dije nada a Marta.

 

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20/09/2007

DOS VIDAS (5)

 

  • - Toma cariño, primero el café y luego las confidencias.
  • - Si, mejor será, le contesté tomando la taza entre mis manos, una vieja costumbre que se me había quedado de cuando estaba en mi anterior trabajo, donde hacia un frío que se te metía hasta los huesos.
  • - Yyyyyyyyyyyy????????
  • - Ya voy, impaciente, déjame que tome un poco de café
  • - Estas mas delgada, -dijo mirándome con los ojos entorcados- y perdona, te lo tengo que decir, te veo desmejoradísima....¡¡¡ Ay, los amores!!!. Yo no me preocupo por eso, unos se van, otros vienen, total, hasta que aparezca el mirlo blanco que quiera retirarme no pienso desperdiciar ninguna oportunidad, jajajaja.

Esboce una amarga sonrisa al oír su comentario, ¡¡ya sabia yo que estaba desmejorada!!, casi no dormía, no hablaba, comía de forma mecánica, por una mera cuestión de supervivencia. No, ya no reconocía a la mujer que cada mañana  me miraba desde el otro lado del espejo.

  • - Pues que quieres que te diga Ángel, del trabajo a casa y viceversa y.... poco mas que contar.
  • - Venga, déjate de tonterías y cuéntame... ¿has olvidado a Carol definitivamente?
  • - Sí.
  • - Pues hija no lo entiendo, no he visto dos tortolitas mas enamoradas, la verdad.
  • - Ángel no me tires de la lengua, que ya sabes tu que no podía ser
  • - ¡¡No podía ser, no podía ser!!! -repitió burlándose de mis palabras- ¡bobadas!. Os teníais que haber dado una oportunidad.
  • - Nos la dimos, y fue bonito mientras duró.
  • - Pat, déjate de tonterías, te tenías que haber visto durante el tiempo que estuvisteis juntas, eras otra, alegre, segura, ¡¡¡¡si hasta parecías mas joven!!! Jajajaja.
  • - Ja, ja, muy gracioso Ángel, muy gracioso. N, o eso se termino, no he vuelto a verla y de hecho hoy ni debería haber venido por aqui, no vaya a encontrarme y la que evita la ocasión, evita el peligro.
  • - ¿Peligro? Pues perdona bonita, siento tener que decírtelo yo, pero Carol ahora vuelve a estar acompañada.

La palidez cubrió de golpe mi rostro. Carol ya tenía nueva compañía. Claro, era lógico, una mujer como ella no necesitaba mucho para encontrar nueva pareja, seguro que seria alguien más acorde con su estilo de vida y con su edad. Pero, no,  no me lo esperaba. Había estado tan ocupada intentando alejarla de mi mente que ni siquiera me había planteado esa posibilidad. Ya estaba acompañada, me repetí de nuevo.

Las lagrimas, tanto tiempo guardadas con guante de hierro, ahora ya no pude seguir sujetándolas, noté como los ojos se diluían en agua y agache la cabeza totalmente abatida.

Ángel, solicito, se levantó y se sentó a mi lado poniendo su brazo paternalmente sobre mis hombres.

  • - Lo siento Pat, creía que ya te lo habían dicho. Venga no llores, tranquilízate, la nueva no vale ni la mitad que tú, dijo para intentar consolarme.
  • - Lo se Ángel, es lo normal que tenga nueva pareja, al fin y al cabo tiene toda una vida por delante, yo, yo ya estoy terminando la mía.
  • - No digas tonterías Pat, Carol se te ha ido porque tu la has alejado de tu vida.

"Alejado de mi vida", sí eso es lo que hice, todavía oía la voz de Carol diciendo

  • - Pat, piénsalo por favor, no me dejes, no me importa seguir como hasta ahora, no te pido mas, pero por favor no me alejes de ti.
  • - Carol, de verdad no hay mas remedio, las dos sabíamos que esto no podía durar, tu te mereces alguien que te ofrezca la posibilidad de una vida en común, alguien como tu, que te quiera sin ocultarse.
  • - Deja que yo decida que es lo que quiero Pat, al menos déjame esa elección, si me dejas es porque no me quieres ya, porque te has aburrido de mí.
  • - ¡Como me puedes decir eso!, le decía yo dolida, Carol, eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo, me has devuelto la vida por unos meses, pero ya no podemos seguir así, lo siento, lo siento tanto.
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DOS VIDAS (49

Enfilo la calle Fuencarral por primera vez desde hace dos meses, pero hoy las cosas han cambiado. Ya no voy andando, ya no podré volver a tropezar con nadie, porque puestas a hacer locuras y a intentar olvidarla, he hecho una ultima locura y recorro la calle subida en mi nueva moto. Lo sé, es un capricho de mujer mayor que quiere romper la última lanza de su nunca pasada juventud, el tiempo dirá si esta nueva adquisición es o no un eficaz sustituto de la otra pasión.

Doy gas, la calle está casi vacía de vehículos, sólo cobran vida las aceras con los pocos transeúntes que las recorren a esas horas. Parada en el semáforo pienso ¿Por qué he entrado en la calle? No lo necesitaba podía haber seguido por Génova hasta abajo que es un camino mucho mas asequible y lógico, pero no se porqué o si lo sé, no quiero engañarme, un impulso me ha hecho torcer el manillar en ultimo instante,   ahora ya es tarde, no puedo retroceder.

Miro a través del plástico de la ventanilla del casco, y me descubro buscándola con la mirada, "Patricia, para ya", me digo a mi misma, a la par que vuelvo a meter gas para arrancar. Bien, como dirían en cualquier concurso barato de la televisión "prueba superada", ya estoy en la calle Gravina, el peligro ha pasado. Necesito tomar algo, tengo la garganta seca de la tensión, el pulso se me ha disparado y noto como el corazón va, poco a poco, deteniendo su loco golpeteo. "No pasa nada, Patricia", para en la Plaza de Chueca, tomate un café, tranquilízate y sigue, ya tienes la situación de nuevo dominada".

Dejo la moto aparcada y me dirijo al café de siempre, aquel que fue testigo de tantas esperas y de nuestros besos de encuentro. Es demasiado pronto para tropezarme allí con Carolina, recuero esbozando una media sonrisa, ella no podía levantarse antes de las 10 de la mañana, me digo con amargura.

  • - Hola, Angel, digo saludando al joven camarero gay, de pelo rubio, cortado a cepillo que había sido el confidente de nuestra locura.
  • - ¡¡¡Patricia, cariño!!!, ¿¿pero donde te habías metido?? Estaba totalmente histérico porque Carolina venia día si y día también preguntando por ti. ¡¡¡pero como has podido olvidarte de tu ángel del amor!!!. Dijo recordando una vieja broma que gastabamos.
  • - Jajajaja, es verdad, perdóname, Ángel, pero es que el trabajo me ha tenido secuestrada y no he tenido tiempo de volver a ver a los viejos amigos.
  • - ¿Viejos?, pero Pat, vienes después de mil años para llamar viejo a tu ángel.....?
  • - Jajajaja, no, no. Es verdad, Ángel lo siento, siento haberme alejado tanto tiempo de ti. ¿Cómo estas cariño?, ¿como te ha tratado la vida durante mi ausencia?
  • - Ay Pat, tengo que contarte tantas cosas, dijo alargando desmesuradamente las palabras,
  • - Bueno pues cuenta, ponme al día, le digo intentando que mis palabras suenen lo mas normales posibles.
  • - No, primero déjame que te vea bien... ¿Pero, que ven mis ojos? Si te has motorizado, y, ese casco tan divino, déjamelo probar, anda.
  • - Jajajaja, nunca cambiarás Ángel, eres incapaz de sustraerte a probarte todo lo que puedas echarte encima.
  • - Ay hija, que se le va hacer, la que es maricona, maricona seguirá por los siglos, de los siglos, Aaaaaaaménnnn, dice soltando una aguja carcajada.

Es imposible no reír al lado de Ángel, todo en éll irradia alegría y ganas de vivir, a pesar de los golpes que un huérfano como él, desde los 11 años, ha venido sufriendo, a pesar de las palizas que le daban sus compañeros de internado, Ángel siempre tiene una sonrisa y una manera de ver la vida llena de optimismo.

  • - Te pongo un capuccino, como a ti te gusta, que ya ves que todavía me acuerdo, dice guiñándome un ojo, con nata y canela por encima, nos sentamos en esa mesa, y me cuentas, todo, ¿eh?, pero todo, todo, no te dejes nada en el tintero.
  • - Vale, venga tráete otro café para ti que sino no me dejaras hablar, que te conozco.
  • - Bueno, pero solo porque me lo pides tu.

Ángel se mete de nuevo detrás de la barra y trastea preparando esos cafés, momento que aprovecho para recorrer con la vista el local. Todo sigue igual, no se porqué tenia la sensación de que podía haber cambiado algo en esos dos meses, ¿y porque iba a cambiar? Realmente no ha pasado tanto tiempo aunque a mi me haya parecido una eternidad.

¿Qué voy a contarle? Pienso, no hay nada que contar, porque en esos dos meses no he vivido,  mas bien la vida ha pasado por encima mío. He trabajado como una esclava incluso sábados y domingos, me quedaba hasta altas horas en el despacho para escapar de la mirada inquisidora de Marta, para no tener que enfrentarme a sus mudas preguntas, a sus reproches. 

Llegaba a casa cuando ella ya estaba acostada, enchufaba el portátil y me pasaba horas muertas en el Chat, no queriendo enfrentarme a la soledad del colchón que ocupaba ella. Al final no tenia mas remedio que, casi transpuesta de sueño y de cansancio dirigirme a la cama, como el condenado se dirige al patíbulo. Y a la mañana siguiente, de nuevo a empezar, a intentar no pensar, a alejar la imagen y los ojos de Carol que pugnaban por venir a mi encuentro constantemente, pero sabia que era una batalla perdida, porque en cuanto me descuidaba, se colaban en mi mente, ahondando cada vez mas la herida.

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12/09/2007

DOS VIDAS (3)

Ese café perduraría siempre en mi memoria. Se que debería borrarlo de mi mente como si fuera el disco duro de un ordenador pero ni puedo ni quiero. Al fin y al cabo ¿que es lo que nos queda como seres humaos sino el recuerdo y las vivencias, buenas o malas? Si no fuera por ese mecanismo de recuerdo podríamos llegar a pensar que nada ha pasado en nuestra vida, seria un volver a empezar una pagina en blanco constantemente.... No, no quiero olvidar nada,  por muy duro y doloroso que sea., me agarro a ese recuerdo de un vaso de papel lleno de café, sujetándolo entre mis manos, y de la visión de la alegre Carolina acariciándome con su mirada.

Fueros dos meses, solo dos meses, pero dos mes inolvidables, dos meses de dolor y de alegrías, de risas y lagrimas, de  tener el corazón encogido de miedo, de deseo, de euforia.... Quien no ha experimentado alguna de estas sensaciones ... es que no ha vivido, que está muerto interiormente y yo había estado muerta durante mucho tiempo.. No, no, no renuncio a ninguno de los momentos vividos con ella en esos dos meses.

El café, duró... toda la mañana. Durante casi tres horas Carolina habló y habló de todo, de nada, tenia una conversación fácil, me sentía a gusto oyéndola hablar, y reír casi a la vez, ni me acuerdo de que habló solo veía sus bonitas cejas subir y bajar al ritmo de sus cambios de expresión, y yo no me cansaba de escuchar el sonido de su voz, una voz gutural que parecía tocar mi corazón con cada palabra. La miraba y la miraba, no podría apartar mi vista de ella. ¿me tiene hipnotizada? pensé. Pero era difícil apartar la vista de aquella bonita cara que transmitía tantas sensaciones, de su boca que se movía constantemente dejando entrever a ratos la punta de una lengua sonrosada. Y sus ojos, sus ojos marrones, profundos, contorneados de una linea larga y negra que hacia que su mirada te taladrase profundamente, como rebuscando en el interior de quien recibía esas miradas.

En esas horas habló de su vida en Sevilla, de sus estudios en la Escuela de Bellas Artes, de su loca afición a la fotografía, de sus conquistas, de su traslado a Madrid hacia pocos meses, de su andadura por las calles en busca del piso de alquiler perfecto, de su búsqueda de trabajo por las agencias de la capital, en fin al final de esas horas casi sabia mas de ella que de mi misma.

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09/09/2007

DOS VIDAS (2)

Recuerdo cada detalle de aquella mañana como si hubiera pasado cinco minutos antes. Recuerdo que llevaba su largo pelo castaño recogido en una coleta, iba sin maquillaje, total ella nunca lo necesitó, siempre estuvo más guapa sin nada; una camiseta roja de tirantes,  ajustaba su torso y dejaba sus pequeños pechos casi al descubierto. Los pantalones cortos, vaqueros  que dejaban al descubierto unas preciosas piernas ligeramente bronceadas.

  • - Uff, perdón,
  • - Ei, me has tirado el café encima.
  • - Perdón, perdón, dije poniéndome mas colorada que tomate, mientras que por instinto me agachaba a recoger el vaso, pero el desastre ya estaba hecho.
  • - De verdad que lo siento, iba distraída, si quieres te pago el tinte o la compra de una nueva camiseta si esta no tiene arreglo, dije al observar la mancha que había producido el café derramado sobre su camiseta.
  • - Joder, pues ya podías centrarte un poquito.
  • - Lo se, lo sé, te ruego me perdones. En serio, si quieres te doy mi dirección y me envías la factura del tinte o la factura de compra, lo que sea.
  • - ¿y el café, qué? que era de Starbucks, joder, exclamó con cierto tonito de disgusto.
  • - Vale, vale, a café te invito yo ahora mismo, dime cuanto te ha costado y te lo pago, dije un poco mosqueada con la situación. Bueno, pensé, pues vaya jaleo por un café.
  • - Que menos que reponerme el café, dijo ella frunciendo sus finas cejas.
  • - Desde luego, dime cuanto te ha costado y...
  • - ¡¡¡Pero bueno!!! ¿ni siquiera vas a venir conmigo a pagar el café?

Yo soy de natural retardado, lo confieso, hasta ese momento solo me había fijado en el desastre que había causado con mi distracción, y no había prestado demasiada atención a la persona que tenia enfrente, y ahora que me estaba fijando vaya si valía la pena fijarse bien, me reproche mentalmente.

  • - Claro, claaro, dije entre tartamudeos, es lo menos que puedo hacer. ¿De donde lo traías?
  • - De ese Starbucks de ahí al lado.
  • - Bien, iba al trabajo, pero me quedan unos minutos así que si quieres me tomo otro contigo.

Nunca he sido muy decidida y mucho menos con las mujeres y ya no digamos con mujeres como aquella, preciosa de verdad, pero no sé si por el nerviosismo del momento o por una especie de chispita que noté en los ojos de ella, la cuestión es que solté la invitación aunque con mas que un pronunciado tartamudeo, y mas cuando oí que ella  aceptaba la invitación como la cosa mas natural.

  • - A perfecto, la verdad es que me dirigía a casa con el café porque no me gusta tomarlo sola en la cafetería, prefiero que sea en compañía
  • - De veras que siento el accidente...esto ¿me dirías como te llamas?
  • - Claro, soy Carolina, vivo en Madrid desde hace 6 meses, estoy de alquiler y busco trabajo de lo que sea.

Yo me quedé mirándola pasmada, había preguntado por el nombre para que la conversación no fuera tan impersonal, pero de ahí a recibir tanta información, no era lo que yo esperaba, así que cuando me recuperé de la contestación no tuve mas remedio que soltar una sonora carcajada.

  • -Jajajajaja, hola encantada Carolina, bueno encantada de conocerte no de haberte tirado el café, claro, jajajaj, Yo soy Patricia, y vivo en Madrid de toda la vida, tengo trabajo y me dirigía allí cuando hemos tropezado.

 

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04/09/2007

DOS VIDAS (I)

 

Voy andando por las calles, llenas de gente, buscando en cada rostro el dulce óvalo de su cara, mirando los ojos de las mujeres que se me cruzan y se descruzan  a lo largo de ese río humano, con la esperanza de ver el azul de su mirada cruzarse en un momento dado con la mía, deseando y a la vez temiendo ver la curva dulce de su nuca,  los rebeldes cabellos que se escapan de la mata de pelo recogida descuidadamente en un moño casi imposible....

Hace ya casi 2 meses que renuncie a ella, dos meses sin verla, sin saber nada de ella, que piensa, que hace, como pasará los días. Sí, fue decisión mía, la tomé en un momento en que la balanza de mi existencia, que llevaba dos meses balanceándose loca, alcanzó un solo instante de estabilidad, un solo instante de equilibrio, y supe que hay cosas que llegan tarde, que son imposibles aunque en esos momentos creamos dominarlas, y a pesar del remolino de sentimientos, la deje marchar, la vi mirarme con sus grandes ojos brillantes y llorosos sin entender el porque de ese adiós, sin querer comprender el porque me alejaba de ella,.

Pero cuando el corazón manda, cuando la cabeza pierde el norte no hay nada que nos detenga. Solo sé que la echo de menos, ¡¡Como duele la piel cuando le falta el roce de la piel de la persona deseada!. Nadie me preparó para afrontar situaciones así, tampoco la busqué, simplemente sucedió. Todavía tengo en mi memoria grabado a fuego el día en que nos vimos por primera vez,  fue un encontronazo, un rayo que apareció de la nada para clavarse a mis pies. Fue al  caminar un día de diario por la Calle Fuencarral, iba camino del trabajo, y todavía tengo en el recuerdo hasta el más mínimo detalle de ella.

Era una mañana de primeros de julio, las 9,30 de la mañana y todavía el calor no había empezado a apretar;  la calle estaba bulliciosa,  unos se afanaban para abrir las decenas de comercios y los restantes simplemente paseaban mirando sus escaparates. Yo iba como siempre distraída, con el macuto al hombro, escuchando la música a través de mi mp3,  me agradaba bajar al trabajo andando porque me ayudaba a pensar y a planificar la jornada. Me paré en una de las zapaterías de la calle, en el escaparate tenían expuesta una colección de mis deportivas favoritas, las famosas Vans, así que sin mirar hacia delante iba dando pasos con la cabeza ladeada, era inevitable que me tropezara con alguien, y claro,tropecé.

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