05/11/2007

DOS VIDAS (20)

 

Me abrió la puerta una Lucia transita de dolor, con los ojos enrojecidos de haber llorado por largo tiempo y el pelo revuelto. El verla así, fue todo un impacto para mi.

  • - ¡Lucia, que pasa!, exclame asustada.
  • - Se ha marchado Patricia, me ha dejado.
  • - ¿Cómo que se ha marchado?. Pero ...
  • - Parece ser que quiere continuar su vida en otro lugar, y yo no entro en sus planes.
  • - No lo entiendo Lucia, ¿no será una nueva pataleta?.
  • - No esta vez va en serio, se ha llevado parte de su ropa y se ha ido, así de simple.

Lucia pronunciaba las palabras, despacio, en tono bajo y monocorde, y era ese tono el que realmente me tenía asustada. No sabia ni que decir ni que hacer, no encontraba palabra alguna que pudiera consolarla. Me acerque a ella y simplemente la abracé en un gesto consolador. Lucia apoyo su cabeza en mi y comenzó a sollozar en tono bajo, sin estridencias.

  • - Lo siento, cariño, de veras que lo siento, le repetí suavemente al oído, mientras acariciaba su revuelto pelo.

Lucia no respondió y siguió sollozando. No tuve conocimiento real del tiempo que estuvimos así, yo intentando que se calmara, pasando mi mano por su espalda en un gesto que intentaba ser consolador y ella abandonada contra mí cuerpo. Poco a poco su llanto se fue calmando y cesando sus estremecimientos. El silencio y la oscuridad se fue cerniendo a nuestro alrededor, pero no me atrevía a moverme. Al cabo de un tiempo Lucia se fue separando de mi, lentamente; las lagrimas surcaban sus mejillas dándole un brillo irreal a su bello rostro a la escasa luz de la estancia. Mi corazón galopaba alocadamente en mi pecho. La hubiera besado, habría querido secar una a una sus lágrimas con mis labios, recorrer milímetro a milímetro su bello rostro borrando toda señal de dolor...

No puedes hacer eso, Patricia, bastante dolor tiene esta mujer para que tu  hagas mas profunda  su herida.

  • - Cálmate Lucia, y cuéntame lo que ha pasado.
  • - No hay nada más que contar, se ha ido y eso es todo, dijo sentándose en el sofá de la estancia.

Me senté al otro extremo del sofá, intentando alejarme lo suficiente para no volver a oler el perfume de su piel, pero sin poder olvidarme del calor de su cuerpo apoyado contra mí minutos antes.

  • - Y ¿sabes a donde se ha ido?, le pregunté.
  • - No, me ha dejado muy claro que su vida solo es suya y no quiere compartirla ni conmigo ni con nadie en especial. Ha dicho que lo que le quede por vivir lo quiere hacer sola, sin perjudicar a nadie. Especialmente a mi.
  • - Pero no puedes dejarla ir así, Lucia. Salgamos a buscarla, ¿Cuándo hace que se ha ido?
  • - No Patricia, no. Ya no tiene sentido. Ha decidido y voy a respetar su decisión.

Yo no podía creer lo que estaba oyendo.  ¿No iba a luchar?. Me parecía increíble la aptitud de Lucia, pero mirándola la veía calmada, destrozada pero a la par no se si aliviada seria la palabra adecuada. Nunca me había sentido mas inútil, se suponía que yo era la persona de los recursos, de las soluciones, sin embargo era incapaz de hilar una idea coherente y mucho menos de transmitir palabras de consuelo y animo. Ante tanta ineptitud, lo único que se me ocurrió fue acercarme a ella y cogerle calidamente las manos.

Las manos de Lucia estaban frías, inertes, y yo las apretaba con fuerza intentando insuflarlas de calor y vida. Al final Lucia levantó la cabeza se me quedo mirando, y yo me quedé prendida en esa mirada, estaba hipnotizada de esos ojos enrojecidos y acuosos. Acerque mis labios a los suyos y deposité un suave beso, ella ni se inmuto, solo siguió mirándome.

  • - Perdona, perdona Lucia, he sido de lo más inoportuna.
  • - ¿Por qué?, ¿Cómo que porque?, me pregunté. Me hubiera esperado cualquier otra reacción, sobre todo de rechazo o de reproche, pero no esa pregunta.
  • - Pues, porque no es lo correcto.
  • - ¿Y tu siempre haces lo correcto?,
  • - Normalmente, si, contesté totalmente descolocada. Te ruego que no me lo tengas en cuenta.
  • - Claro, entonces ha sido un acto de compasión o de pena, ¿no Patricia?
  • - ¡Claro que no!, exclamé indignada mientras me levantaba del sofá.

Lucia me observando con una mirada extraña. Se levantó despacio y para mi asombro, fue ella la que me besó. Me beso tímidamente al principio pero pronto el beso se hizo exigente y ya no puede seguir controlando la situación, a partir de ese momento todo fue un caos. La sujete por la cintura mientras besaba esa boca tanto tiempo deseada, boca exigente y posesiva que cada vez se hacia mas devoradora.  Sus manos casi me arrancaron los botones de la blusa, mientras mis manos exploraban su cuerpo por debajo de su sencilla camiseta, una tras una nuestras prendas fueron cayendo al suelo mientras yo reclinaba el cuerpo de Lucia en el sofá, sin poder despegar mis labios de los suyos. En el oscuro  silencio de esa estancia, solo nuestros gemidos tenían vida.

Recuperando la respiración apoyada sobre su pecho oyendo el golpeteo de su corazón en mi oído,  sentía que un disparo de alegría había atravesado mi pecho, y  a la par notaba que había llegado a  casa como el barco que logra atracar en la seguridad del puerto tras atravesar la mas dura de las tormentas. Las manos de Lucia acariciaban mi pelo suavemente, mientras ella también recobraba el aliento.

Me daba miedo levantar la vista y enfrentarme a ella, sentía que no podría superar el posible reproche de sus ojos. Sabia que lo que había hecho era muy poco ético por mi parte, pero no podía arrepentirme. Al final armándome de valor, me incorpore y mire fijamente el rostro de Lucia esperando leer en él no sabia bien que. Lucia me devolvió la mirada.

  • - Lucia, no quiero que pienses que me he aprovechado de tu situación. Te quiero, lo siento, pero es así. Me ha costado reconocerlo, pero es así. Se que este no es el mejor momento para decírtelo, pero no puedo evitarlo y créeme, lo he intentado con todas mis fuerzas.
  • - Lo se, Patricia, ya lo había notado. Y no, no me arrepiento, yo también deseaba que pasara esto. Ya no tengo nada que perder, en todo caso he sido yo la que lo ha provocado. Eres tu quien me tiene que perdonar a mi.
  • - No tengo nada que perdonarte, mi amor, en todo caso siento que hayas tenido que pasar tanto dolor. Si quieres olvidar que esto ha pasado lo entenderé y te ayudaré a buscar y a recuperar a Alicia si quieres.  Prefiero tu amistad a no volver a verte y a perderte.
  • - Patricia, Patricia, ¿todavía no lo has entendido?. Yo he dejado marchar a Alicia, ya no podía seguir mas en esta situación. Y ... yo también te quiero, ahora el problema lo tienes tu.

Me quedé sorprendida de esa confesión, creí que el acto de amor que habíamos protagonizado era mas bien una despedida, un adiós de Lucia a Alicia pero no una declaración para mi. Y si, ahora era yo la que tenia el problema, porque estaba enamorada de dos mujeres a la vez, y no sabia si podría vivir dos vidas.

 
Posted by darkles at 01:28:12 | Permanent Link | Comments (4) |
Comentarios
1 - plas, plas, plas,
entiendo que la situación haya hecho enloquecer a Patricia, pero ¿Tanto como para repetirla dosveces?
Igual lo hace para poder creerse lo que había pasado, jijijiji. (Comment this)

Escrito por: Nethan at 2007/11/05 - 05:07:39
2 - y nunca lo sabrá si no lo intenta. (Comment this)

Escrito por: Nethan at 2007/11/05 - 12:20:27
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3 - Nethan, joe pues es verdad lo he repetido dos veces, jijijiji. Vale, arreglado. Esta Patricia me ha salido de un indeciso que estoy por eliminarla en el proximo post, como las series de TV. (Comment this)

Escrito por: darkles at 2007/11/05 - 20:05:47
4 - nooooooooo nooooooooooo (Comment this)

Escrito por: Nethan at 2007/11/05 - 23:03:33
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